Zenderos

10 días de silencio: Meditación Vipassana vista a través de ojos de un Fisioterapeuta

Ese día me encontraba nervioso y emocionado. Finalmente, después de varios intentos me dirigía a este retiro, ubicado a unas dos horas al poniente de la ciudad de México. Viajaba con dos mujeres que también iban a tomarlo, era nuestra primera vez para los tres y muchas dudas surgían en nuestra mente, pero la principal era ¿Aguantaríamos 10 días sin hablar?, más tarde descubriría que dejar de hablar iba a ser el menor de mis problemas.
El lugar se encontraba en una zona boscosa y las instalaciones se veían bien, me asignaron una celda (sí, así le llamaban al pequeño espacio donde había una colchoneta, unas cobijas y un pequeño mueble para colocar mi ropa y artículos de higiene personal). Dejamos nuestro teléfono a resguardo y hasta dentro de 10 días volveríamos a tenerlo. Algo angustiante para aquellos apegados a ese aparatito.
Los hombres nos encontrábamos separados de las mujeres todo el tiempo y esa noche nos sentaron a todos y nos pusieron un video introductorio sobre cómo iba a ser la rutina a la que íbamos a estar sometidos, los fundamentos y orígenes de la técnica, así como la importancia de mantener el noble silencio y las siguientes reglas:
  1. No matar a ningún ser vivo
  2. No robar
  3. No tener ningún tipo de actividad sexual
  4. No mentir (no veo la forma si no puedes hablar)
  5. No tomar sustancias intoxicantes
Además, es obligatorio seguir varias normas:
  • Aceptar las instrucciones del profesor, sin ignorar ni añadir nada.
  • Abandonar (temporalmente, sólo durante la duración del curso) todos los ritos o ceremonias de otras religiones.
  • Mantener el Silencio Noble durante la duración del curso. Es decir, evitar cualquier tipo de comunicación con los demás estudiantes, ya sea hablada, escrita o por gestos. Sólo está permitido comunicarse con el profesor en caso de problemas con la comida, de salud, etc.
  • Evitar cualquier tipo de contacto físico.
  • Evitar cualquier forma de ejercicio físico, incluido yoga. Pasear para estirar las piernas sí está permitido.
  • Vestir con ropa simple, modesta y cómoda. Nada de prendas atrevidas que puedan desconcentrar al resto de meditadores 😉
  • No leer, escribir o escuchar música.
  • Renunciar a todo contacto con el exterior, salvo en caso de emergencia. y está prohibido salir del centro durante los 10 días que estás allí.
A primera vista pareciera algo absurdo todas estas reglas, pero a medida que pasaban los días fui entendiendo los motivos de cada una de ellas. Algo que se me quedo muy grabado en la mente fue la advertencia que nos dieron esa noche, era nuestra última oportunidad de retirarnos, ya que estaba por iniciar un proceso similar a una cirugía Y nuestra mente iba a abrirse e iba a salir mucho del cagadero con que la habíamos llenado a lo largo de nuestra vida (Los Sankharas como lo llaman los budistas)y es que uno no se sale en ninguno momento en el transcurso de una cirugía, salirse equivalía a irse con una herida abierta, ya que según la técnica se requieren mínimo 10 días para abrir, sacar mucha de la mierda que guardamos en nuestra mente y volver a cerrarla, me estremecí un poco al escuchar esto, pero no había luchado tanto por llegar allí para renunciar al inicio. En gran medida fue eso lo que hizo que en ningún momento pasara por mi cabeza abandonar el lugar a lo largo de los 10 días.
En el momento que entramos por primera vez a la sala  inició el noble silencio con una meditación de una hora, todos tomamos un pequeño cojín esa noche y nos fueron asignando a cada quien nuestro lugar y que seria el mismo durante toda nuestra estancia . Paso algo bien curioso, porque ese pequeño cojín, se convirtieron en muchos a medida que pasaba el tiempo, había gente que literal se formó un nido alrededor de ellos para tratar de estar un poco más cómodos.
Esa noche nos fuimos a dormir a las nueve, tenía que levantarme a las cuatro de la mañana…
El primer día para mí fue uno de los más difíciles, y no por el hecho de levantarme tan temprano, era más curiosidad por vivir ese primer día que mi flojera y costumbre, durante los diez días a excepción del ultimo, se permite hablar esto con el motivo principal de que el regreso a la realidad sea menos brusco y vaya que si lo es, nuestra rutina es la siguiente.
4:00 Suena el gong, ¡a levantarse! A quien madruga, el Buda ayuda
4:30-6:30 Meditación en el hall o en tu habitación
6:30-8:00 Desayuno
8:00-9:00 Meditación en grupo en el hall
9:00-11:00 Meditación en el hall o tu habitación, según las instrucciones del profesor
11:00-12:00 Almuerzo
12:00-13:00 Descanso y entrevistas con el profesor
13:00-14:30 Meditación en el hall o en tu habitación
14:30-15:30 Meditación en grupo en el hall
15:30-17:00 Meditación en el hall o en tu habitación, según las instrucciones del profesor
17:00-18:00 Hora del té
18:00-19:00 Meditación en grupo en el hall
19:00-20:15 Audio con indicaciones de Goenka en el hall
20:15-21:00 Meditación en grupo en el hall
21:00-21:30 Termina el día, hora para lavarse los dientes, ir al baño
21:30 Se apagan las luces. Hora de dormir
La experiencia de cada persona en gran medida es subjetiva ya que algunas les costara más el aspecto físico que el mental o viceversa, pero a mí a las nueve de la mañana del primer día, ya me dolía la espalda. Mi primer reacción fue un poco de angustia, miedo al dolor, miedo a lastimarme, miedo al sufrimiento. Esto sin duda iba a ser duro, busque estar más cómodo, de llevármela «relax» y me fui a recargar a la pared del fondo, donde había algunos participantes también recargados, mi cuerpo descanso y ahora sí estaba preparado para aprender a meditar. No pasaron ni cinco minutos cuando el coordinador se acercó a mí para preguntarme ¿porque me había ido a recargar? ¿que si tenía algún problema de espalda? Y pensé pues claro que tengo un problema me duele, ¡JODER! Me duele, pero a lo que él se refería es que si tenía alguna lesión que me impidiera estar recto durante periodos prolongados y que me podía recargar sí el dolor no me permitiera sostenerme, que esto era como ir al gimnasio, al principio dolía pero el cuerpo iba a adquiriendo resistencia, cosa que en el fondo sabía que era verdad, yo soy fisioterapeuta y el coordinador también lo era, así que no tuve más remedio que regresar a mi lugar, no sin rezongar un poco para mis adentros.
Posicion Zeiza
Podía estar sentado en el suelo de la manera que quisiera a excepción de acostarme o dirigir los pies hacia el maestro, había horas que hacia la flor de loto, a veces en posición zazen con ayuda de un banco (esta se volvió de mis favoritas ya que me ayudaba a mantener mejor mi posición erguida), sentado con las piernas abrazadas a mi pecho, con banco o sin el, en esos momentos de lenta agonía recordé la frase que dice «El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional» y me la repetía constantemente base de mantra para sobrellevar el dolor. Como fisioterapeuta me di cuenta del desbalance muscular que tenía mi cuerpo. Los primeros tres días una parte de mi escapula derecha se tensaba horriblemente y sentía como si me enterraran una aguja caliente al final de cada meditación, esto debido a un mal hábito que mi cuerpo había adquirido de subir mi hombro derecho de manera inconsciente cuando trabajaba en la computadora o en momentos de estrés, pero el estar allí con la única tarea de tratar de ser consciente de mi respiración también me sirvió para ser consciente de mi postura, hubiera dado lo que sea por un masaje en la espalda esos primeros días.
Posiciones para meditar
Yo a mis pacientes les recomiendo que cuando quieran liberar tensión en ciertos puntos de su espalda y no hay nadie quien los pueda ayudar, tomen una pelota de tenis, la pongan entre la zona de su espalda afectada y la pared y con el propio peso de su cuerpo darse automasaje, maldije no haber traído una, pero grande fue mi alegría cuando en el comedor encontré un limón grande que podría servirme con ese propósito, durante los dos días siguientes se volvió ¡My precious! Algo tan simple como un limón se convirtió en símbolo de la cura de mi sufrimiento, me ayudo pero para ya para el quinto día, los músculos de mi espalda ya estaban empezando a trabajar de manera más armónica y la zona que antes trabajaba de más, ahora ya no lo hacía y mis dolores de espalda dejaron de ser un problema y el ultimo día a manera de ritual simbólico tome ese limón ya bastante duro y seco, le agradecí la ayuda y lo aventé lejos en el bosque, allí aprendí que bajo ciertas circunstancias algunas cosas que nos podrían parecer irrelevantes en un momento, después se pueden volver un tesoro y viceversa, fue una interesante lección de desapego.
A medida que pasaban los días, las lecciones me iban adentrando a diferentes conceptos, uno de ellos y en el que mas hacen hincapié es la impermanencia (Anitya), todo esta en constante cambio, nada permanece igual, lo bueno va acabar en algún momento, lo malo también y aferrarse o querer evadir estas situaciones solo te va a causar sufrimiento, y en el retiro es algo con lo que todo el tiempo estas luchando con ello, ya que el dolor, la incomodidad, el cansancio y el aburrimiento hacen que tu mente se desespere y solo quieres que ya termine ese ciclo de una hora para salir a estirarte un rato, pero también te das cuenta que entre mas desees que eso termine, la hora se vuelve mas larga y el dolor  aumenta, generandote mas sufrimiento, allí es cuando realmente empiezas a trabajar en controlarlo, ya que el dolor es inevitable.
Yo sabia que en algún momento del retiro nos iban a pedir que no nos moviéramos en lo absoluto durante los periodos de meditación, así que con esa idea me iba probando a mi mismo el poder lograrlo, vaya que fue difícil aun con mi limón, pero no pensaba rendirme, al tercer día lo logré, estuve una hora sin moverme, fue un logro extraordinario para mí, aunque prácticamente salí a gatas de la sala de meditación, me sentía muy orgulloso de mi mismo.
Vippasana en Dhama Makaranda
El cuarto día te enseñan la técnica como tal, los primeros tres días solo practicas la atención enfocada en tu respiración y la técnica Vipassana consiste en hacer un escaner de tu cuerpo y las sensaciones sobre tu piel de pies a cabeza y a los alumnos más avanzados se les pide hacer un escaneo interno esta primer meditación en especial es muy dura porque son dos horas seguidas que no te tienes que mover, como fisioterapeuta la técnica me pareció muy interesante, ya que mucho de nuestro trabajo se basa en volver a re conectar de manera eficiente la conexión mente-cuerpo, más en lesiones neurológicas es importante reconectar y reforzar estas conexiones y Vipassana es eso, potenciar esas conexiones que hemos perdido ya sea por falta de uso, malos hábitos o lesiones.
Ese día todos salimos visiblemente afectados y casi arrastrándonos por el esfuerzo que acabábamos de realizar, pero también orgullosos por haberlo logrado, empezaba la verdadera meditación.
Había momentos en que el sol brillaba, los pájaros cantaban, todo era paz y alegría en el universo, pero había otros en que todo era  dolor, cansancio, furia y desesperanza.  Aplacar la mente era el único trabajo que teníamos y vaya que era algo agotador, es por eso qué entre las prohibiciones estaba el no hacer ejercicio, el trabajo mental nos consumía mucha energía.
Cuando uno tiene una computadora nueva, su software corre muy bien, pero a medida que la vamos usando, le vamos ingresando información que muchas veces termina por alentarla y estropearla y tenemos que dedicarle un tiempo considerable a repararla para que esta vuelva a funcionar mejor (o mandarla al técnico), así pasa con la mente, todos esos programas que nuestro consciente y subconsciente ha ido adquiriendo a lo largo de los años y que muchos de ellos nos terminan limitando en nuestra vida diaria (miedos, culpas, resentimientos, etc.) van haciendo que nuestra agilidad y funcionamiento optimo de nuestro cerebro se merme. En mi caso uno de ellos era a morir y es que el último mes antes de tomar el retiro fue difícil económicamente, había tenido muy pocos pacientes y el estrés me estaba provocando un ligero dolor en el pecho, estando en el retiro este dolor resurgía de vez en cuando y hacía que me preguntara si no tenía algo que ver con algún problema en mi corazón, esa idea se planto profundamente en mi cabeza y es  que cuando estas allí adentro y una idea surge en tu cabeza (o algunas canción) quitártela de encima es algo muy difícil y la principal razón de ellos es que como no tienes realmente nada para evadir ciertos pensamientos (música, amigos, drogas, sexo, comida etc.) te ves obligado a enfrentarlas te guste o no. Llegue al grado de imaginar como seria todo el proceso de mi muerte, imagine mi cuerpo cayendo a mitad de la sala de meditación perturbando el silencio que allí se vivía, la llamada a mis familiares, el funeral, quienes iban a ir a al mismo y quienes seguramente no, a ese grado llego mi psicosis y fue en ese momento cuando caí en conciencia que todo esta era sufrimiento innecesario, autoprovocado, que si iba a morir en ese preciso momento del corazón no podía hacer gran cosa, y que en realidad había ido allí para aprender a  ser mejor física y mentalmente con ayuda de la meditación. Estaba haciendo lo mejor que podía hacer en ese momento y sí moría allí, estaba bien.
Aceptar tanto física como mentalmente nuestra propia mortalidad (la mayoría lo aceptamos solo superficialmente y de manera racional) le quita uno un gran peso de encima y empezar a darse cuenta de lo que es realmente importante, que es estar bien con uno mismo y con los demás, como alguna vez Guillermo del Toro dijo
“Uno vive para los últimos tres minutos de su vida. No sé si habéis visto al alguien fallecer, pero la gente muere con absoluto terror o absoluta paz. Porque entonces ven su vida con absoluta desnudez y con la claridad completa de que se están yendo. Por eso piensa en tus decisiones, porque eso es lo que verás en ese momento. Porque todo lo que hagas volverá, y será en esos tres minutos. Yo a veces hago algo y pienso: ‘Para esos tres minutos”.
(beshotototes a ese gran y talentoso ser humano)
En mi familia no somos muy afectivos que digamos y solo nos abrazamos en Navidad o cumpleaños, así que no me gustaría morirme sin haberles dado un gran abrazo y dicho lo mucho que los amaba, pedirles perdón por mis errores y ofensas y eso fue lo primero que hice en cuanto pude verlos, en el proceso terminas haciéndolo con la mayoría de las que te importan.
Otra cosa que uno experimenta en este tipo de retiros es la contemplación en los momentos de descanso, ver la naturaleza, las nubes, una vez me pase más de 30 minutos contemplando como una araña tejía su telaraña, es triste porque cada vez es menos la gente que puede darse ese “lujo”.
Aprendí como resolver conflictos en base a la compasión y el ejemplo, los conflictos solo generan mas conflictos, el ejemplo es lo que puede generar un cambio de raíz, por ejemplo yo no puedo pedirle a mi pareja que sea más atento y amoroso conmigo, si yo no ofrezco lo mismo e incluso más, pero la clave es no hacerlo esperando que la otra persona nos corresponda, en primera porque cada quien ama como puede y quiere, y segundo si lo hacemos con la esperanza de que la otra persona nos corresponda y esto no ocurre, nos estaremos creando sufrimiento, dar sin esperar nada a cambio… se dice fácil pero no lo es, estando ya afuera me paso algo que me hizo reflexionar sobre esto, caminaba yo muy feliz por la calle y a una chica se le cayo un adorno de su cabello, yo corrí a recogerlo y dárselo, la chica ni siquiera volteo a verme, lo tomo y se fue, mi primer pensamiento fue que mal agradecida y pensé en decir en voz alta GRACIAS, para hacérselo ver, pero en ese momento reflexione sobre ello y caí en cuenta que no lo estaba haciendo sin esperar nada a cambio, porque al menos estaba esperando su agradecimiento y al no recibirlo me ofendí.
El ultimo día fue especial, cuando se rompió el noble silencio algunos explotaron y hablaban por los codos, fue interesante  enfrentar la imagen de las personas con quien habías convivido todo este tiempo y ver que no era nada a lo que imaginabas cuando  empezaban a hablar, lo que si era evidente que cada experiencia fue diferente, dura pero enormemente enriquecedora, yo a los 30 minutos de estar compartiendo experiencias me aleje a caminar, extrañaba y prefería el silencio.
La ultima meditación fue muy conmovedora y especial, llamada Metta, donde tienes que meditar y pedir por la felicidad de todos los seres vivos, que la paz que tienes en ese momento llegue a todos los demás, ahora que habia sacado mucha de la basura que me impedía tener paz, me encontraba mas preparado para salir al mundo y enfrentarlo.