Zenderos

Sagrada Familia

Prologo

En las costas de Oaxaca hay un lugar llamado Ventanilla, una pequeña comunidad que vive de la pesca y el turismo con la administración de un manglar y un centro de protección de tortugas. La arena de este lugar tiene muchos minerales, una de las causas por las que cientos de tortugas llegan allí cada año a desovar.

El nombre de Ventanilla tiene su origen por una formación rocosa al sur del lugar donde se forma una Ventana natural, que coincide su posición con la alineación anual del Sol en el solsticio de invierno y en la que desde hace nueve años, decenas de danzantes se reúnen el 21 de diciembre al amanecer, para recibirlo y contemplar este espectáculo que solo ocurre una vez al año. La energía de ese lugar y de su gente es innegable.

Yo llegué en el año 2024 invitado por una pareja de amigos que habían hecho de Ventanilla su hogar sin saber que iba a ser uno de los viajes más transformadores y reveladores hasta ahora de mi vida y que marco un antes y un después en mi despertar espiritual.

Esta es la historia de este reencuentro de almas.

Encontrando a mi tribu

Los Coreanos tienen una frase: IN YUN que se podría traducir como providencia, un término de origen budista que condensa la idea de que las conexiónes no son casualidades, sino que se construyen a través del tiempo y en otras vidas. Cuando tu tienes un contacto con alguna persona, chocar en la calle por ejemplo, se genera un IN YUN, las personas que se llegan a casar han tenido alrededor de 8000 IN YUN, ya sea de esta vida o de otras vidas. Entre mas IN YUN tengas mayor es la conexion que tienes con esa persona. Este concepto lo llevan a la pantalla grande muy bien en la pelicula coreana nominada al Oscar Past Lifes (2023).

En mi proceso de sanar, atraiga personas conscientes, sensibles, profundas, apasionadas y espirituales tanto como yo, que me han hecho creer en mi y mi amor propio y que quieran crecer conmigo en esta y otras dimensiones.

Esta frase/decreto es del padre de la psicologia transpersonal Carl Jung y desde el momento que la escuche me la fui apropiando cada vez mas.

Esto ha dado como resultado haberme reencontrado cada ves mas a seres con los que he compartido miles de IN YUN y a uno en especial cuyo numero se eleva a alturas que apenas estoy asimilando y cuya historia en comun se empieza a escribir y que se esta desarrollando justo en este momento de mi vida. La cual sin duda dara para un gran libro, finalmente los puntos de este mandala llamado vida se empiezan a conectar.

No se si este Ser sea la persona con mas IN YUN acumulado en todas mis vidas pasadas y yo en las de el. Pero dadas las circuntancias ocurridas alrededor de nuestro primer encuentro. Si es un gran candidato a serlo.

Como muchos de ustedes saben, soy fisioterapeuta de profesión y estoy muy metido en el mundo del bienestar y la espiritualidad. Mi espíritu inquieto me ha llevado a tener viajes y aventuras que requieren muchas veces fuerza y valor. Una de estas aventuras es haber tomado retiros de silencio Vipassana, los cuales relato aca en mi blog. El primer retiro me llevó a conocer a uno de mis maestros y amigo, Pablo Muñoz, a quien conocí en un curso de Mentalismo en la Ciudad de México por recomendación de un chico llamado David que conocí en mi primer curso de Vipassana, allá por el 2016. En febrero de 2019 hice un segundo curso y en diciembre de ese mismo año, fui de voluntario al centro. Los cursos son de cooperación voluntaria. En ese servicio me reencontré con Pablo, quien asistía por primera vez a un Vipassana. Al salir de ese curso de diez días, nos fuimos a Valle de Bravo con un amigo suyo llamado Eric y otras dos chicas que habían estado también sentadas. Nuestros caminos se sellaron a partir de allí y en diciembre del 2020, Pablo organizó un viaje a Wirikuta para hacer un camping y ceremonia de Peyote en medio del desierto al cual yo asistí.

El hikuri o peyote se encuentra en el desierto de Wirikuta en México, el cual es utilizado de forma ritual por los wirarikas, para expandir su consciencia y conectarse con la naturaleza. Salimos de la Estación Wadley y al entrar al desierto realizamos una ceremonia para pedir permiso y protección a todos los seres visibles y no visibles que habitan el lugar. Caminamos unas seis horas con mochilas y casas de campar a cuestas, con algunas pequeñas paradas para tomar descansos debajo de los escasos árboles que hay en la zona. Un poco de angustia llegó a mi mente cuando empecé a sentir cierto ardor y molestia en uno de mis pies al caminar. Tenía mucho tiempo que no usaba mis botas y que no caminaba tanto, y sabía que esa sensación tarde o temprano terminaría en una ENORME ampolla que podría volver esta aventura una pesadilla. Tenía que sacar mis mejores herramientas físicas y mentales para poder superar esta caminata de poder. Decidí ver este pequeño gran inconveniente no como un problema sino como una oportunidad para quitarle el sufrimiento a mi dolor, un sacrificio/ofrenda al abuelo hikuri para tener una buena experiencia. Sé que suena muy hippie, pero creer que el dolor de hoy representa un mejor resultado a futuro ha ayudado a personas a lograr cosas extraordinarias.

El primer descanso llegó a las dos horas de caminar bajo el sol del desierto. Revisé mi pie y efectivamente se estaba empezando a formar una pequeña ampolla en la planta de los pies entre el segundo y tercer dedo de mi pie izquierdo. Me cambié los calcetines por unos más gruesos y suaves que iba a usar para dormir, apliqué chilcuague y tepezcohuite que traía una chica y me protegí la zona con microporo que me regalaron. Aunque la molestia no se quitó del todo, la ampolla no creció, ni el dolor.

En el segundo descanso, después de estar cuatro horas caminando, descubrí que se estaba formando otra ampolla en el mismo lugar del otro pie. Por los clavos de Cristo, este sí iba a ser un sacrificio/ofrenda importante para poder llegar a nuestro destino.

Después de seis horas, llegamos al punto donde nuestro guía viene desde hace más de diez años. El desierto de Wirikuta no es un lugar donde haya grandes dunas de arena, solo es una planicie inmensa llena de arbustos bajos, varios de ellos con espinas y muchos cactus y biznagas conforman la flora del lugar. A lo lejos se veían las montañas áridas desde donde habíamos iniciado la caminata. Llegué cansado y adolorido de mis pies, pero afortunadamente no estaba agotado. Había muchas cosas por hacer aún: limpiar el lugar, armar nuestras casas de campar, preparar el altar, proteger el espacio formando una barrera de piedras alrededor del campamento para protegernos de cualquier ser no visible que atrajéramos con nuestra presencia.

También había que juntar leña suficiente para mantener el fuego durante toda la noche, tarea complicada cuando la mayoría de la flora son arbustos que se consumen muy rápidamente. Y desde luego, buscar al abuelo hikuri que crece debajo de una planta conocida como Gobernadora.

Faltaba poco para que se ocultara el sol y no habíamos podido encontrar ninguno. Era evidente que los saqueadores de esta planta ya habían llegado hasta este alejado lugar y habían dejado innumerables huecos en el suelo del desierto.

Poco antes de que se ocultara el sol, apareció el primero, al cual solo se le rinde tributo y no se corta. Durante el tiempo restante antes de quedarnos a obscuras, fueron apareciendo más. Yo encontré una familia de cinco. Se les pide permiso y solo se corta la parte que sobresale con una hoja de obsidiana, dejando la raíz para que pueda volver a crecer nuevamente. Recolectamos apenas los suficientes para hacer la ceremonia más tarde, y nos dispusimos a preparar ponche y guacamole para cenar, mientras los coyotes aullaban a lo lejos y varios de nosotros les respondíamos.

Limpiamos los hikuris y nos los fuimos comiendo de gajito en gajito. Estos tienen un sabor muy amargo y se recomienda masticarlos muy lentamente. Pasaron unas dos horas y solo estábamos en un estado muy alegre y relajado. Algunos referían sentir “algo”, pero era evidente que la cantidad ingerida no había sido suficiente como para tener un efecto claro en nosotros. Así que nos dispusimos a cenar, esa noche prepare un delicioso guacamole navideño que mi ahora tribu jamas ha olvidado, tanto es asi que todavia me lo siguen recordando 🤪 (*Chiste local). El ponche nos supo delicioso porque a medida que pasaban las horas la temperatura bajaba cada vez más. En vista del éxito obtenido con el hikuri, uno de los asistentes sacó un gotero con extracto de cannabis y varios nos dispusimos a ingerir unas gotas, incluido nuestro guía, que en la oscuridad de la noche le calculó mal y terminó vaciándose todo el gotero en su boca. Acto seguido, fue a preguntarle al dueño del frasco qué le podía pasar si consumía tanto, y él solo le dijo: “pues lo averiguaremos en unos 40 minutos”.

Unos 30 minutos después, mi amigo Pablo se sentó frente a la fogata con una expresión que era una mezcla entre miedo y sorpresa, y nos dijo: “siento algo en mi pecho, algo me preocupa”. Su hermana fue a abrazarlo y en ese momento se soltó a llorar. Nuestro pilar y guía se estaba derrumbando frente a nosotros, le estaba dando lo que comúnmente se conoce en el argot pacheco como la temible “Palida”, una sobredosis de cannabinoides que te lleva a estados tan dispares como la euforia y la sensación de perder el control de tu cuerpo y sentir de cerca la muerte. Aunque nadie ha muerto en realidad por una sobredosis de mariguana, pero puede generar mucha angustia y miedo incluso para el más preparado.

Luchando contra la oscuridad

El jefe estaba incapacitado, así que el resto de la tribu ocupo su lugar. No solo para sanarlo; (descubrimos que muchos del grupo éramos sanadores), sino también para seguir recolectando ramas en los alrededores y mantener el fuego. Era vital que no se apagara, ya que la temperatura seguía bajando y la noche estaba lejos de terminar.

Envolvimos a Pablo con varias cobijas y una bolsa térmica que un miembro del grupo había traído, ya que estaba empezando a tener síntomas de hipotermia.

Cada vez teníamos que alejarnos más del campamento para obtener buenas ramas. A las tres de la mañana, de los once que éramos, solo quedábamos siete de pie protegiendo el fuego, y cada nueva salida en búsqueda de ramas se iba volviendo cada vez más y más extraña. Salir del círculo era como entrar en otra dimensión. Recordé mis inmersiones en el mar; era entrar a un mundo extraño, fascinante pero también frio y peligroso. El fuego parecía tener consciencia y reaccionaba al estado de ánimo del grupo.

A las cuatro de la mañana, ya solo éramos cuatro miembros de la tribu que seguíamos despiertos. Yo era el único hombre de pie, y el único que seguía saliendo por más ramas. Empecé a escuchar voces y sonidos extraños a mi alrededor, y de reojo alcanzaba a ver figuras. Muchas personas tal vez hubieran caído presa del miedo y el pánico, pero en ese momento de mí dependía que no muriéramos de hipotermia. La temperatura oscilaba entre los -3 y 0 grados centígrados.

En algún momento de las cuatro de la mañana, salí nuevamente a buscar ramas para seguir manteniendo el fuego. Salir era entrar en otra realidad, y fue en ese momento donde sentí miedo. Una de mis frases favoritas es: Tu no digas frio, hasta no ver pinguinos. Estaba parado sobre la vereda a unos 40 metros fuera del círculo de fuego, y alcancé a ver y escuchar lo que parecían ser unos coyotes que caminaban hacia mí, habian llegado los pinguinos.

Corrí a refugiarme al círculo de fuego y les avisé a mis compañeras que se pusieran alertas. Mi amigo Eric se despertó ante la emergencia a pesar de su agotamiento, y Liliana, la hermana de Pablo, se puso a tocar el tambor, nosotros a cantar para alejarlos. No solo a los coyotes, sino a todo lo demás que pudiera estar allí, visible o no, que nos estuviera rodeando…

Fueron momentos muy tensos, en los que armados de palos, solo esperabamos el ataque de los coyotes a nuestro alrededor, las energias estaban muy agitadas, parecia que el desierto estaba molesto por el saqueo que habia ocurrido previo a nuestra llegada.

El triunfo de la Luz ✨

La energía poco a poco se fue calmando y retomamos la búsqueda de ramas, que cada vez se hacía más difícil. De pronto, Liliana percibió a otros seres en el camino, y gritó: “¡Hay algo enorme y blanco al fondo de la vereda!”

Había llegado un “grupo” de caballos salvajes blancos, estaban a unos cincuenta metros de nosotros observándonos. Los caballos habían alejado a los coyotes. ¿Que hacia una familia de caballos a mitad de la noche observandonos?. Faltaba una hora y media para que amaneciera, y finalmente nos quedamos sin combustible para seguir alimentando el fuego. Por mi mente pasó salir a buscar más, pero nos encontrabamos muy cansados, con mucho frío y había caballos salvajes en los alrededores.

Guardamos toda la comida y desechos en una casa de campaña y nos repartimos en las otras lo más que pudimos para darnos calor.

A pesar del sleeping, la ropa térmica, gorros y chamarra, algunos empezaron a tiritar de frío, primer signo de hipotermia. Y en mi mente surgió el titular del periódico del siguiente día: “Se los llevó la Pachamama: hippies mueren de hipotermia en el desierto de Wirikuta”.

Creo que solo pude dormir media hora esa noche; el ruido de los caballos y demás seres que había a nuestro alrededor no me dejó dormir.

Amaneció poco antes de las siete de la mañana, el Sol había vencido a la oscuridad y habíamos logrado pasar la noche, sanos y salvos.

El regreso fue de nuevo una larga caminata de seis horas, sin dormir y con las cosas cargando a cuestas, fue dificil para todos, pero logramos llegar al pueblo sin ningun contratiempo. Ese viaje me sirvio para creer en mi valor y resistencia a situaciones limite y nos unio a la mayoria de los que fuimos, como una tribu.

Y pensar que nuestros antepasados tenían que hacer esto todas las noches de su vida para lograr ver la luz del día siguiente.

Oscar y Alma

El 22 de mayo del año 2021, meses después de nuestra aventura en el desierto de Wirikuta, Norma nos invitó a otra ceremonia de peyote, esta vez con un Marakame en un lugar por Tlalnepantla, organizado por un amigo suyo llamado Mictlán.

En el lugar había un temazcal muy bonito. Entre los asistentes estaban Óscar y Alma, una pareja muy peculiar que es difícil que pase inadvertida por diferentes razones. Él es un hombre a mediados de sus 30, atractivo, alto, moreno, fornido, que derrocha masculinidad por los poros, pero no solo eso, también una sabiduría muy profunda, de muchas vidas. Al verlo es inevitable pensar que así debieron verse los grandes guerreros aztecas. Alma es una mujer blanca, ya entrada en sus 60, con una constitución física, poderosa y atractiva, así como dulce, amorosa y también muy sabia. La diferencia de edad llama mucho la atención a quien los conoce por primera vez, pero a medida que los iba tratando, me iba dando cuenta de que son almas muy afines que se conocen y reconocen de muchas vidas atrás. Tienen muchos IN YUN juntos.

Oscar, Alma y Mictlan

La ceremonia de peyote esa noche fue muy bella y mágica. Era la segunda vez que lo consumía y, aunque en esta ocasión tuve la oportunidad de consumir más, no tuve un efecto psicodélico muy evidente, solo una gran tranquilidad, enfoque y lucidez. Fue una velada muy bonita donde compartimos la medicina, cantos, peticiones y comida.

A ratos volteaba a ver a Óscar y Alma, que me llamaban mucho la atención por diversas razones: desde lo atractivo que era Óscar y mis anhelos de tener una pareja con ese grado de poder y presencia, hasta la dulzura y belleza de Alma, que era más evidente cuando tomaba la palabra. Recuerdo que esa noche pedí tener una relación como la de ellos.

Oscar calentando a las abuelitas

Al otro día, cerca de las 11 de la mañana, entramos al temazcal. Yo no estaba muy seguro de entrar por la desvelada y porque ya había hecho un temazcal previo a la ceremonia de hikuri. Pero dejé a un lado mis miedos y me metí. Fue un temazcal muy hermoso; en realidad, fue el primero que disfruté realmente, los otros solo los sufría. Había una energía muy bella allí adentro, me sentí en familia, y Mictlán, el líder del grupo, supo dirigir muy bien el ritual, junto con Alma y Óscar.

En esa ocasión, mi intención fue generar más voluntad y poder. En el punto más fuerte del temazcal, levanté mis manos y las acerqué a las piedras a pesar del intenso calor. Empecé a sentir una enorme energía en mis manos. Fue algo muy intenso.

Yo, Laura y Norma

Comunidad, Fiesta y Decretos

El 18 de marzo de 2022, casi un año después de haber conocido a Alma, Óscar y Mictlán, nos volvimos a reencontrar en Cuautla, Morelos. Norma había organizado una reunión para celebrar nuestros cumpleaños en casa de Eric “El Oso”, y asistimos varios de la tribu, entre ellos Laura, Zayra, Liliana y Emilio.

El lugar era un condominio con albercas comunes. Yo llegué por mi cuenta, como siempre, demasiado temprano. Poco a poco fueron llegando todos y nos metimos a nadar un rato. Había una luna llena preciosa, y yo había llevado unos cuadros de LSD para amenizar la fiesta. Nos dio algo de frío y salimos del agua. A mí ya me estaba haciendo efecto, a los demás les tardó un poco. Nos empezamos a pintar con pinturas neón y sacamos la luz negra.

La fiesta explotó, como pocas veces me ha pasado en la vida, tanto que los guardias del condominio nos tuvieron que ir a callar varias veces. Es hermoso cuando conectas con personas con las que puedes ser tú mismo. La fiesta terminó como a las cinco de la mañana.

Al día siguiente, poco a poco nos fuimos levantando. Óscar y Alma prepararon una rica pancita. El resto de la mañana me la pasé en la hamaca platicando con Emilio; era la primera vez que convivíamos solo él y yo. Algunos se fueron a comprar cosas para la carne asada. Pasamos la tarde en las albercas, que estaban solo para nosotros. Les hice janzu a algunos y practicamos una danza cardumen, un tipo de danza en el agua donde tienes que soltar el cuerpo y dejarte fluir entre todos. Es algo que aprendí en la certificación de que había tomado el año pasado. Es una experiencia muy interesante y de conexión.

Óscar y Alma habían traído MDMA puro, una droga con efectos peculiares como la entactogénesis (aumento de empatía y acercamiento a los demás), euforia, bienestar, sensación de paz interior, mejora de la percepción y la sexualidad, y ligeras alucinaciones. En dosis adecuadas, sus efectos secundarios son relativamente leves y seguros mientras no se mezcle con otras drogas.

El plan era hacer una ceremonia juntos e intencionar el MDMA. Nos fuimos a un área verde en la parte de abajo y allí hicimos una pequeña fogata. Preparamos la sustancia en bebidas energéticas y cada quien hizo una intención. Yo había visto en internet una frase de Carl Jung que me pareció hermosa y fue lo que intencioné esa noche que dice más o menos así:

“Que, en mi proceso de sanar, atraiga personas que sean
Conscientes, sensibles, profundas, apasionadas y espirituales tanto como yo,
Que me hagan creer en mí y en mi amor propio,
Y que quieran crecer conmigo, en esta y en otras dimensiones.”

A todos les pareció una intención muy hermosa. Después de que cada quien hizo su intención, bebimos la medicina y puse algo de música. Los efectos se fueron haciendo presentes de manera sutil. Empecé a sentir cierta relajación combinada con euforia, como flotando, y una ligera embriaguez, una mezcla de sensaciones que me fue desinhibiendo mental y emocionalmente. Se sentía una bonita conexión entre todos. Cuando hablaba, mi voz la percibía más profunda, con más eco, como si viniera de lo profundo de mi pecho y no de mi cabeza. Entre el baile y la convivencia, hubo un momento en que nos paramos alrededor del fuego y empezamos a expresarnos. Yo agradecí a Óscar y Alma por haber traído el MDMA y compartir esa droga, aunque inmediatamente corregí por la palabra “medicina”, como se estila más en el ambiente hippie ceremonial.

Me sentí mal por ello, estaba muy sensible. Tal vez sin los efectos de esta sustancia, no me habría sentido así, y Emilio no ayudó mucho haciendo un comentario burlón sobre lo que había dicho. Me separé del grupo para asimilar lo que estaba sintiendo; afloró un sentimiento de culpa muy profundo. Pero me empecé a hablar con amor y cariño. Recuerdo que mi voz sonaba profunda y salía desde el centro de mi pecho, como si mi inconsciente estuviera hablando por mí. Fue una sensación muy rara, profunda y liberadora.

Después, Mictlán me dijo: “Yo quiero bailar contigo, Rey,” y nos pusimos a bailar muy conectados. Fue bonito, nos tocamos y bailamos. La vibra de Alma era hermosa, el viento corría y yo me quité la camisa, quería sentirlo en mi cuerpo. Después me acosté en el suelo para sentir la tierra. El miedo a cualquier bicho que pudiera haber desapareció; me sentía bello. A las doce, Eric nos dijo que nos moviéramos adentro por cuestiones del reglamento. Aunque nos hubiera gustado estar más tiempo, nadie protestó. Todos nos movimos, y yo cargué la bocina mientras sonaba “Aleluya” de Jeff Buckley, fue algo sumamente hermoso. Nos sentamos en la mesa de afuera y jugamos a las cartas de conexión. Aprendí mucho de mí y de los demás. Estuvimos como dos horas abriendo nuestros corazones. Ya como a las dos o tres de la mañana, algunos se empezaron a dormir, hicimos un último baile y nos fuimos a la cama.

El domingo desayunamos y estuvimos un rato en la alberca. Esa tarde, parte del grupo se fue primero, y Alma, Óscar, Mictlán, Norma, Zayra y yo nos fuimos a Cuautla a comer unos mariscos deliciosos en el centro. Recorrimos el museo de trenes. Había varios eventos musicales en la plaza y bailamos y cantamos con cada uno de ellos, contagiando nuestra alegría a los que pasaban.

Había sido una gran celebración con grandes seres. Jamás hubiera imaginado que lo que pasó ese fin de semana sería el preámbulo de lo que sucedería dos años después en las playas de Oaxaca.

El llamado

Tuvieron que pasar aproximadamente dos años para que el universo se alineara y nuestros caminos se volvieran a cruzar. Todo comenzó con la invitación de una amiga de la universidad para asistir a su boda; se iba a casar con otra chica que había conocido hace algunos años y finalmente iban a dar ese gran paso. Querían hacer una ceremonia aparte de la civil, pero no querían la tradicional católica y me pidieron si yo podía hacer algo especial para ellas. Me sentí honrado por pensar y confiar en mí, pero nunca había hecho algo así y no me sentía con la autoridad espiritual para hacerlo. Entonces recordé que Alma y Óscar hacían ceremonias de bodas en la tradición mexica. Así que los contacté para pedirles información y hacer el enlace.

Ellos se encontraban viviendo en una playa llamada Ventanilla en la costa oaxaqueña, muy cerca de Mazunte y Zipolite, y me extendieron una invitación para visitarlos cuando quisiera. Le pasé el contacto a mi amiga y allí quedó el asunto.

A principios de febrero de 2024, gracias a mi terapeuta Katya a la cual recomiendo mucho (link), me enteré de que Lama Khenpo Rinchen Gyaltsen venía a México a dar una serie de conferencias sobre meditación en la Ciudad de México a principios de marzo, iba a ser un intensivo de todo un fin de semana en el auditorio del Centro Médico Siglo XXI.

No lo pensé mucho y compré mi boleto para asistir; también iba a asistir Katya y sería el cierre perfecto del proceso terapéutico que venía trabajando con ella desde hace ya casi un año.

Invité a la tribu al taller y Laura también se inscribió. La paz y ecuanimidad del Lama se sentía más en persona y fue un fin de semana muy enriquecedor, hasta me encontré una botella de metal para el agua con el siguiente mensaje:

Acá les comparto algunas perlas de sabiduría del Lama que nos compartió esos días:

Si no creemos en el potencial de otros, no creemos entonces en el nuestro.

Todo lo que hablemos debe ser verdadero, beneficioso y necesario.

El apego es una compensación por no poder aceptar la realidad.

A lo mejor podrías considerar la posibilidad de meditar

Los logros externos son solo un medio para alcanzar la felicidad genuina, no son la felicidad genuina

Si tú no estás creando el karma, el karma te está creando a ti.

Detrás de toda interpretación hay interdependencia

Si no somos generosos, nada puede ser.

Si tienes un cuello no necesitas dos bufandas

Tenía rato que no iba a la Ciudad de México. Así que aproveche para reunirme con varios de la tribu el sábado en un restaurante en Parque Delta.

Entre la plática y la cena, Norma propuso que para celebrar nuestros cumpleaños (algunos de los que estábamos allí cumplimos años en marzo y abril) nos fuéramos de viaje a la playa. Se barajó como primer destino Puerto Vallarta o, como le decimos en el ambiente, Puerto Gayarta. Demasiada puteria para mi gusto actual, así que sugerí las costas de Oaxaca. Y recordé que allí estaban Alma y Óscar en Ventanilla y que estarían encantados de recibirnos. No se discutió más, ese era el destino, ahora había que decidir la fecha. El último fin de semana de abril era el indicado porque había puente y los que tenían trabajo fijo podían pedir días.

Llegada al Paraiso

Llegar al paraíso no es fácil. Requiere mucho tiempo ⏳, vidas, sacrificios, disciplina 💪, valentía, determinación, dolor 😔 y voluntad. Son cosas que no todos pueden o quieren hacer para alcanzarlo. Muchos prefieren su “cómodo” infierno 🔥 y no los culpo, porque muchas veces es lo único que conocen.

Toda mi vida me había preguntado: ¿Por qué nací donde nací? 🤔 ¿Por qué tengo unos padres que, aunque no son los más cariñosos y expresivos del mundo y les cuesta expresar su amor de manera física, nunca los he visto discutir o pelear en mis 44 años de vida? Con el tiempo, entendí que eso vale más que cualquier lujo material que pudieran haberme dado. Tampoco vivimos con lujos, pero nunca nos faltó nada. Al menos, yo nunca tuve la sensación de carencia. Recuerdo que mi mejor amigo siempre tenía primero el videojuego del momento 🎮, pero sus padres se peleaban todos los fines de semana. ¿Qué tenía yo de especial a diferencia de otros niños que nacieron en núcleos familiares no solo con carencias (o excesos), sino también con dinámicas violentas y destructivas? Esa pregunta siempre rondó por mi mente y me generaba cierta culpa mi fortuna y privilegio.

La religión judeocristiana nunca pudo resolverme esa duda ✝️ y es que siempre me pareció absurdo tener solo una vida para realizarnos como seres humanos y alcanzar el paraíso. ¿Por qué Dios, en su infinita sabiduría y amor 💖, a algunos nos dio mejores herramientas que a otros? A principios de mis 20s, el Hinduismo, a través de su libro sagrado, el Bhagavad Gita 📖, me dio respuestas más coherentes que la teoría de una sola vida que manejan los cristianos. Luego, el budismo terminó de pulir el concepto de la reencarnación. A diferencia de otras tradiciones que creen en un alma eterna que se reencarna, el budismo enseña que no hay un yo permanente o alma inmutable. En lugar de un alma, lo que se transmigra es un conjunto de procesos mentales y kármicos que constituyen la identidad de una persona. Anatta (No-yo), o como yo le digo, la continuidad del ser 🌊.

En teoría, todo me parecía más lógico y había leído muchas experiencias de personas que recordaban sus existencias pasadas o se reencontraban con personas con las que tuvieron algo o mucho que ver en sus otras vidas. Pero a mí no me había pasado nada de eso. Hasta ahora…

Lo que pasó esa semana fue el resultado de muchos procesos de autoconocimiento y sanación que me pusieron en el lugar y tiempo indicado. Retiros de silencio, yoga, terapia psicológica, trabajo con plantas y sustancias de poder, etc.

El sábado 27 de abril llegué a la CDMX para la boda de mi amiga 🎉. Renté una habitación y me acompañó una de mis mejores amigas, excompañera de la carrera de Fisioterapia. Hacía como dos años que no la veía. Llegamos algo tarde al jardín y ya no nos tocó la ceremonia de casamiento. Fue mi primera boda LGBTQ+ a la que asistía 🏳️‍🌈 y me la pasé muy bien esa noche con amigos y excompañeros que tenía muchos años, que no veía 🥳.

Mel & Cecy

A la mañana siguiente volé a Puerto Escondido ✈️ y mi cuerpo parecía que se estaba preparando para algo, que yo todavía no tenía idea de lo que iba a ser. Todo el viaje me la pasé yendo a orinar constantemente 🚻, algo raro en mí, como si me estuviera depurando de algo. Fue un vuelo sin contratiempos y muy rápido. Recuerdo que el avión pasó sobre mi casa en Morelos y fue emocionante ver por primera vez mi pueblo desde tan alto.

Al llegar, solo tuve que esperar un poco a Laura, que venía en un vuelo detrás de mí. Tomamos el camión 🚌 y nos dirigimos a Ventanilla 🌊. Nos bajamos en el crucero y ya nos estaban esperando Óscar y Alma. Tomamos otro colectivo que nos dejó en la entrada al lugar y de allí caminamos unos 10 minutos entre la naturaleza exuberante 🌿 para llegar a la playa.

En el camino me llamó la atención un árbol enorme y hermoso 🌳 y Alma me hizo la observación que de todas las personas que habían ido a visitarlos, yo era el primero que lo veía sin que ella tuviera que hacérselos notar 👀. Le platiqué de mis planes de regresarme hasta el próximo fin de semana y Alma me dijo: “Qué bien, algo muy bueno, te va a pasar en estos días que vas a estar acá” . Eso me emocionó y picó mi curiosidad 🤔. ¿A qué se refería con eso?

Llegamos a Casa Xalli 🏨, un hermoso hotel a la orilla de la playa 🌊, manejado por una familia local. En una de las terrazas de las habitaciones estaban sentados en una mesa, esperándonos Norma, Zayra y un chico joven, moreno y atlético que me presentaron llamado Daniel. Recuerdo que, al darle la mano, sentí su mirada profunda y atenta sobre mí 👀, algo le había llamado la atención en mí y a mí también él me había llamado la atención. Nuestros inconscientes se habían reconocido.

Esa tarde fuimos a comer un rico caldo de camarón a una fonda cerca de allí 🍤 y después nos fuimos a la playa a ver el atardecer 🌅. Poco a poco empezaron a llegar muchos turistas a liberar tortugas del campamento Tortuguero que hay en ese lugar 🐢 y los encargados del campamento nos ofrecieron liberarlas sin costo alguno por ser amigos de Óscar y Alma. Era la primera vez que hacía algo así y fue una experiencia muy hermosa y profunda 😍. Nos dieron tres tortuguitas en una jícara para no tocarlas. Les pusimos nombre y las soltamos a la orilla de la playa 🌊. La primera salió disparada al mar, la segunda a velocidad media 🐢 y la tercera se tomó su tiempo y, a veces, las olas la regresaban casi hasta el inicio 🌊. Pero no se rindió y finalmente logró entrar al mar. Se estima que solo 1 de cada 100 logra alcanzar la madurez reproductiva 🤞. Fue una excelente bienvenida y regalo para todos. Si ese era el inicio del viaje, el resto prometía ser espectacular 🌟.

Esa noche, Óscar y Alma nos tenían preparada una sorpresa: habían guardado un gramo de MDMA de la última vez que nos vimos en Cuautla hace dos años y lo estaban guardando para una ocasión especial 🎊, y esa era la ocasión. Me sorprendió que lo hubieran guardado tanto tiempo ⏳.

En esa playa están prohibidas las fogatas por el riesgo de incendio 🔥 y cada quien tenía una veladora 🕯️. Las juntamos al centro, armamos el altar e iniciamos la ceremonia al lado del mar esa noche 🌌. Recuerdo que yo pedí conectar con mi corazón y con el de todos los que estábamos allí 💖.

Mientras compartíamos la palabra, Alma me preguntó cómo iba ese decreto que había hecho hace dos años, que si ya tenía pareja o salía con alguien. Le comenté que todavía no, pero que sí había atraído personas conscientes, sensibles, profundas, apasionadas y espirituales 🙏 y la prueba eran todos ellos que ahora me rodeaban 👨‍👩‍👧‍👦. Y Alma solo me dijo: “Pues abre muy bien los ojos” 👀. Para mí ya era más que obvio que se estaba refiriendo a Daniel y medio lo volteé a ver de reojo. Ya que estaba sentado a mi lado.

Esa noche puse música 🎶 y un remix muy bueno que tenía descargado de House Latino 🎧. Fue ideal para soltarnos y empezar la fiesta 🎉.

Estábamos todos bailando alrededor del fuego 🔥 y yo, sin duda, quería bailar con Daniel 🕺, pero no quería verme tan obvio y directo, así que empecé a mi izquierda con Laura y así me fui con cada quien, hasta finalmente llegar con Daniel. Me sorprendió lo que hizo en el momento en que me planté frente a él 😲.

Me tomó de la nuca y nos semi hincamos en la arena, con una rodilla apoyada y la otra no . Tomó mi cabeza y la apoyó en su hombro, y él puso su cabeza en mi hombro 🫂. Estuvimos así tal vez un minuto, como si estuviéramos reconociéndonos. Nos paramos y empezamos a bailar al ritmo de la música 🎶. Nuestros cuerpos se tocaban y fluían bastante bien, yo junté mi frente con la suya y seguimos bailando. Había una conexión muy intensa entre él y yo. Pero nunca sentí deseo de su parte y tampoco yo busqué activar esa energía. Fue una conexión más profunda.

Esa noche pasaron muchas cosas hermosas 🌙. Bailamos 💃, reímos 😂, cantamos 🎤, meditamos 🧘. Laura, que es una mujer muy sensible, en algún momento de la noche tuvo que vomitar 🤮. Ventanilla es un lugar muy energético, ya que su arena contiene magnetita y, si pasas un imán sobre la arena, parte de ella se pega al mismo 🧲. En algún momento de la noche, unas chicas locales que estaban algo ebrias se nos acercaron a pedirnos si podían sentarse con nosotros porque nuestra música les gustaba mucho 🎶 y se sentían atraídas a nuestro círculo. Estuvieron un rato allí conviviendo tranquilamente con nosotros. Esa noche había bioluminiscencia en las olas del mar 🌊✨, lo que le agregó un toque aún más mágico a la velada. Ya entrada la madrugada, salió la Luna 🌕 para cerrar la fiesta de bienvenida 🥳. Fue una noche perfecta 💯.

La Recepcion Real

Esa mañana de lunes, desayunamos todos juntos en la terraza del hotel. El plan era hacer un recorrido por los manglares de la zona. Lo tomamos con uno de los dos colectivos que trabajan en el área, y nos empezaron a explicar que Ventanilla tiene una peculiaridad: su arena contiene magnetita, un mineral ferroso de color grisáceo. Este mineral es el mismo que se encuentra en los fotorreceptores de los órganos de los sentidos de las tortugas 🐢. Y cuando le pasas un imán a la arena, se generan fenómenos como el del siguiente video 🎥

Caminamos unos 500 metros para llegar al embarcadero, donde nos esperaba un espectáculo digno de un documental de National Geographic. Un cocodrilo enorme 🐊 de unos 4.5 metros de largo nos dio la bienvenida y mostró su habilidad para cazar al atrapar un ave 🐦 que estaba en la orilla y devorarla. En ese rato también se acercó una hembra de su harem. Según nos indicó el guía, ese cocodrilo era el segundo más grande del lugar, cuyo nombre no recuerdo en este momento, pero era algo así como “el príncipe del manglar” 👑.

El principe del Manglar

Recorrimos solo una pequeña fracción de este inmenso manglar, que abarca muchas hectáreas. Pudimos ver diferentes tipos de aves, iguanas, tortugas y peces 🦜🐊🐠. Nos sorprendió mucho cuando el cocodrilo más grande, que medía unos 5 metros y era conocido como “el Rey del Manglar”, apareció de repente. El guía nos comentó que era muy raro ver a los dos cocodrilos más grandes en el mismo paseo. Nos sentimos muy honrados por semejante privilegio 🐊✨.

El Rey del Manglar

En el camino de regreso a la comunidad, un cocodrilo de aproximadamente tres metros estaba muy cerca del camino, así que tuvimos que rodearlo un poco. Durante todo el tiempo que estuvimos allí, mantuvo la cabeza arriba como si hiciera una especie de guardia, despidiéndonos y agradeciendo nuestra visita a su reino 🐊🚶‍♂️.

Eran ya las 3 de la tarde y teníamos hambre, así que nos trasladamos a Mazunte para comer unos deliciosos mariscos y disfrutar de la playa el resto del día 🦐🏖️. Al atardecer, subimos a Punta Cometa, que para mí es uno de los mejores lugares para ver la puesta de sol 🌅. La primera vez que estuve allí en 2010, no pude evitar llorar ante tan bello espectáculo 😢.

Esa noche regresamos al hotel y allí estaba Daniel en la terraza. Nos pusimos a jugar UNO, y yo propuse que, para hacer el juego más interesante, el que perdiera con más puntos tendría que hacer un reto o decir una verdad. Y el que ganara decidiría la verdad o el reto. Yo gané y Daniel perdió 😄. Daniel escogió reto. Me tomé unos 5 o 10 minutos para pensar en algo que nos conectara más, pero que no se viera o sintiera demasiado directo. El reto consistió en que con su mano pasaría por la axila de cada uno y luego la olería 🤭. Empezó conmigo y me sorprendió que lo hizo sin ningún pudor o asco el pasar su mano por mi axila y luego por su cara. Tanto que Alma comentó: “Uy, allí hay amor” 😳. Eso me sonrojó un poco, pero lo que me llamó también la atención fue que, con la misma intensidad, lo hizo con todos los demás. ¿Por qué escogí ese reto? El olor es una forma muy primitiva de identificarnos desde nuestro lado más animal, y fue una forma de conectar, aunque en ese momento no lo pensé de esa manera; simplemente se me ocurrió 🤔.

Seguimos jugando y mi “radar gay” a veces me decía que Daniel podría ser gay, ya que mostraba un lado femenino muy evidente y, por otro lado, era muy masculino. De repente, clavaba su mirada en mí y buscaba tener contacto físico, y en otros momentos parecía como si no existiera. Las señales eran fuertes pero confusas, y en la conversación fue saliendo el tema de su historia. Tenía dos semanas de haber llegado como voluntario a Casa Xalli , y su decisión de comenzar a viajar como voluntario se debía principalmente a que, un mes antes, había terminado con su novia. Eso lo había afectado mucho, y decidió salir de la ciudad de Morelia para alejarse de la energía y los recuerdos del lugar y comenzar a sanar esa separación 💔.

En ese momento supe que era heterosexual (o bisexual o gay de closet) y aparte acababa de terminar una relación sentimental. Por lo tanto, esa ilusión que empezaba a crecer en mí, se desvaneció de manera brusca. Ya que independientemente de sus preferencias y la atracción que pudiéramos tener, era alguien que estaba sanando una herida de abandono. Mi consciencia en ese momento lo tomó de manera madura y tranquila, pero mi inconsciente no, y esa noche, al irme a dormir, me lo hizo saber…

El Cielo en la Tierra

Esa noche, después de jugar UNO y entender de que no iba a pasar nada con Daniel (sexo-afectivamente hablando), intenté dormir, pero hacía mucho calor en la habitación y no podía respirar bien. Así que salí a la terraza y me acosté en la hamaca, pero seguía sintiendo falta de aire. ¡Estaba teniendo un ataque de asma! 😰 Hacía muchos años que no me pasaba uno, y me pareció muy extraño que ocurriera en ese momento. Entonces, me puse a hacer una técnica de respiración llamada Buteyko, que aprendí hace 20 años y con la que me quité el asma. Con eso, pude relajar mis vías respiratorias y respirar mejor para poder dormir. 😌💨

A la mañana siguiente, me quedé pensando en lo que había sucedido la noche anterior y entendí que se había activado una herida de abandono que tengo desde niño cuando me enteré de que Daniel había tenido novia y estaba en un proceso de sanar y me sentí rechazado. Además, él estaba haciendo lo que yo siempre he querido: probar que puedo ser nómada por cierto tiempo, hacer voluntariado y ganarme la vida en el proceso. 🌍✨

La actividad que nos tenían preparada Alma y Oscar para ese día consistía en una caminata consciente en la playa, pero con los ojos vendados y guiados por el sonido de un caracol 🐚 que Alma iría tocando para guiarnos por la orilla de la playa hasta llegar a una pequeña choza de palma. Donde cada solsticio de invierno, decenas de danzantes se reúnen allí para recibir el primer rayo de sol del día, que sale justo por un orificio en los acantilados al sur de ese lugar, de allí el nombre de Ventanilla. 🌅🌀

Para lograr una mayor sensibilidad, Oscar preparó una gelatina que contenía cannabis. Iniciamos la actividad con una ofrenda y rezo a Yemayá, la diosa del mar, íbamos lo más ligeros posible. El recorrido era de alrededor de un kilómetro, llevándonos a experimentar muchas sensaciones intensas, físicas, emocionales y energéticas. La playa de Ventanilla tiene características que permiten caminar con los ojos vendados sin mucho problema, ya que la inclinación de la arena es mínima y, aunque es mar abierto, las olas rompen algo alejadas del punto donde el agua se conecta con la arena. Es una playa en general solitaria, sin rocas ni obstáculos peligrosos. 🌊👣

Aprender a confiar en los demás y en la vida es necesario para poder caminar en la playa (y en la vida) con los ojos vendados sin miedo a caer, chocar o lastimarse. En realidad, el futuro nadie lo conoce, todos caminamos con una venda hacia un futuro incierto. La forma en que lo hacemos es lo que diferencia a las personas que han aprendido el arte de vivir, calmando sus miedos generados por su mente egoica y aprendiendo a escuchar su voz interna, su intuición, lo que su cuerpo les dice, que es solo una extensión del universo. 🧘‍♀️🔮

El caracol 🐚 fungía como una guía que periódicamente nos indicaba hacia qué dirección teníamos que dirigirnos. Si íbamos caminando muy rápido o muy lento, si se escuchaba cerca o detrás de nosotros. Era como la voz de Dios, diciéndonos: “es por este camino, vas bien, vas muy rápido o vas muy lento”. Nuestros sentidos nos indicaban también si el mar 🌊 estaba tranquilo o bravo, si nos estábamos metiendo mucho o nos alejábamos, sintiendo la arena caliente y seca en nuestros pies 👣. El espacio entre ambas zonas era el lugar más confortable. La experiencia nos estaba mostrando de qué manera tomamos la vida, si con confianza o con inseguridad. Alejé cualquier pensamiento de caerme, tropezarme o chocar con alguien más y me sumergí en el presente y mis sentidos, empecé a tararear una canción 🎵🎶 y a brincar, bailar, dar vueltas, explorar y perderme un poco. Sabía que el sonido del caracol siempre me guiaría hacia la dirección correcta. En uno de esos juegos y giros, empecé a caminar en la dirección contraria. Me di cuenta por qué el agua golpeaba en el pie contrario y el caracol sonó a mis espaldas. Me detuve, esperé al siguiente toque y retomé el rumbo sin problema.

Aunque era pasado el mediodía y el cielo estaba despejado, la temperatura era muy agradable y no quemaban los rayos del sol 🌞. Finalmente, llegamos al lugar, y Alma nos indicó dónde colocarnos debajo del techo de palma. Postrados en la arena de rodillas con la frente tocando el suelo, empecé a sentir cómo la energía del lugar entraba por mi cabeza y salía por mis pies, hasta el punto de dejar de sentir mi cuerpo físico y solo sentir un flujo de energía y conciencia. Estaba experimentando lo que en el budismo llaman Banga, que se refiere al estado de disolución o desintegración, una experiencia directa de la impermanencia de todos los fenómenos. 🌌✨🤯Estuve un rato en ese estado hasta que poco a poco fui regresando. Como ya iban a dar las 3 de la tarde, Daniel tenía que entrar a trabajar al hotel y se tenía que ir. Se despidió de nosotros de manera muy bonita y se fue. Una parte de mí quería que no se fuera, pero también me pareció admirable su grado de compromiso. La mayoría hubiera preferido seguir disfrutando la experiencia y quedarse en la playa 🏝️.

Después, Alma nos dijo que podíamos meternos al mar, y que si queríamos, podíamos hacerlo desnudos. ¡Estábamos en una playa virgen, sin gente alrededor! Zayra y yo, que somos los más desinhibidos, no lo pensamos dos veces y lo hicimos, pero a mis otras dos amigas note que les costó un poco desprenderse de su ropa y meterse al mar. Óscar y Alma se quedaron vestidos. Eran como nuestros padres cuidando a sus hijos e hijas que jugaban desnudos en la playa. La escena era idílica: el sol brillaba, la temperatura del mar y del ambiente era perfecta. Mis amigas se veían hermosas, parecían tres grandes diosas bañadas por el sol y el mar. Deseé en ese momento tener una cámara para capturar tanta belleza, pero no llevaba ni mi teléfono. Se tendría que quedar capturado solo en mi mente, sin duda estábamos en el paraíso. 🌴🌺📸

Estuvimos un rato en a la choza, nos cambiamos y compartimos la experiencia vivida. Después regresamos al hotel en una divertida caminata al lado del mar. Comimos en Ventanilla y, ya en la tarde-noche, nos fuimos a cenar y a echar la fiesta un rato en Zipolite. Primero en un bar lounge con música excelente al lado del mar, y después en un bar gay con show drag 💃donde cantamos éxitos de Whitney Houston. 🎤🎉

Esa noche llegamos como a la 1 de la mañana al hotel y estuvimos a punto de quedarnos varados en Zipolite, porque no había ningún taxi disponible para regresar. Pero una pareja de Querétaro que atendía un bar nos llevó de regreso a Ventanilla. Lo peor que pudo haber pasado es haber pasado la noche en la playa todos juntos. Pero no fue así, ¡la diosa fortuna seguía de nuestro lado! 🍀🌙

Daniel

Hoy, mis amigas regresaban a la Ciudad de México. Desayunamos tranquilamente todos esa mañana. Yo me cambié a una habitación en el primer piso, al lado de Alma y Oscar. Ese día, volvimos a Zipolite para visitar la Playa del Amor y pasar un rato juntos tomando el sol, como Dios nos trajo al mundo. Caminando por la playa, me encontré con dos amigos que acababan de llegar de visita. Me dio mucho gusto verlos.

Comimos todos juntos de regreso en Ventanilla y, finalmente, nos despedimos de Norma, Laura y Zayra. Esa tarde, Alma, Oscar y yo nos sentamos en la arena a ver el atardecer mientras los turistas liberaban tortugas, una actividad dirigida por Daniel. De pronto, Alma encontró una tortugita perdida y empezó a redirigirla hacia el mar. Parecía que no quería irse, incluso el mar la devolvía. De repente, unos turistas se acercaron a preguntarle algo a Alma. Ella se volteó por unos segundos y una gaviota se la llevo. Oscar y yo no pudimos hacer nada porque estábamos algo lejos. Alma regresó un poco triste por lo que acababa de ocurrir, y Oscar solo le dijo: “Piensa que esta noche las crías de esa gaviota tendrán algo que comer”. Me pareció un evento muy simbólico, y creo que más para Alma, ya que ella perdió a su primer hijo cuando este tenia 3 años por un accidente. Un hijo que, si viviera, tendría mi edad (44 años). No me imagino el dolor de perder a un hijo siendo tan pequeño, y luego seguir adelante y tener una hija de ahora aproximadamente 35 años y un hijo de 29 años, la misma edad que Daniel.

Esa tarde, conversando con Alma y Oscar, surgió el tema de Daniel. Les pregunté: “¿Qué onda con él? ¿Es gay de closet, bisexual, heterosexual?”. Entramos en debate. Alma estaba 100% segura de que era gay, ya que su hijo de la misma edad lo era y su experiencia le decía que sí. Oscar estaba en un 50/50. Yo tenía señales encontradas, ya que mostraba una conducta muy dual; a veces era muy sensible y femenino, y otras veces muy fuerte y masculino. Por momentos buscaba conectar mucho conmigo y buscaba el contacto físico, y luego nada.

Tenía que preguntarle directamente y no suponer. Les dije a Alma y Oscar que mañana lo haría. No habíamos visto a Daniel en todo el día. Pero Alma me dijo: “Si puedes, pregúntale esta noche; no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Alma y Oscar se fueron a dormir; ya eran como las 10 de la noche. Le mandé un mensaje a Daniel para ver si quería ir a caminar por la playa y ver la bioluminiscencia. Me dijo que sí, así que bajé por él.

Caminando, él me preguntó: “¿Cuáles son los planes para estos días que vas a estar acá, Rey?”

—Pues cambié mi vuelo para regresarme hasta el lunes, y mañana hay una ceremonia para la consagración de una escultura de Tonantzin en un templo en San Agustinillo; parece que podemos ir con Alma y Oscar. Y el viernes en la tarde traje 4 cuadros de LSD y le propuse a Alma y Oscar hacer una ceremonia al atardecer en la playa nosotros cuatro. Nunca he consumido LSD en la playa y tengo muchas ganas de hacerlo. ¿Has probado el LSD?

 —No, nunca lo he probado, pero no lo necesito; yo produzco mi propia droga —dijo Daniel.

—¿O sea cómo? A ver, explícame eso, que no entendí.

—Sí, no lo necesito. Te lo voy a explicar. Cuando tenía unos 13 años, me dio una infección de garganta muy fuerte y una fiebre muy alta, y empecé a tener alucinaciones. Aparecían fractales, luces y colores por todos lados, y mis sentidos se empezaron a mezclar; los olores los veía, los colores los sentía, algo que llaman sinestesia. Estuve unos dos o tres días con esos síntomas, pero no le dije nada a mis padres. La fiebre bajó y esos efectos se fueron. Tiempo después, de la nada, volví a sentir esa sensación. Estuve unos dos o tres días así, pero no se quitaba y tuve que decirles a mis padres.

—¿Estuviste teniendo efectos psicodélicos por dos o tres días? —le dije, asombrado.

—Sí, pero ya no aguanté y se lo dije a mis padres. Fuimos con varios médicos y hasta con pastores, porque mi familia es cristiana. Hasta que un médico, analizando bien mis síntomas, les dijo a mis padres que mi cerebro estaba produciendo algún tipo de enteógeno en exceso, por los síntomas que refería, y que no había medicamento o terapia para hacer que mi cerebro dejara de producirlo; que no era normal que el cerebro los produjera de esa manera y que había que esperar a que de forma natural el cerebro se calmara. Tal vez estaba pasando por un periodo de estrés fuerte y eso lo desencadenó.

—¿Estabas produciendo DMT o algo parecido en grandes cantidades? Wow, nunca había escuchado de alguien que le ocurriera algo así. ¿Y luego qué pasó? —Pues poco a poco lo fui controlando y descubrí que se activaba con la fiebre o escuchando ritmos repetitivos por cierto tiempo, entrando en un estado de trance.

—Wow, o sea que puedes drogarte a voluntad; el deseo de muchos, jaja.

—Pues no es tan padre; imagina estar días en ese estado, sentir tanto es agotador.

—Me imagino; un viaje de más de ocho horas para mí ya es mucho —le dije.

Seguimos caminando por la playa y poco a poco empecé a entender la naturaleza de Daniel; su cerebro debía estar muy bien conectado, gracias a la sustancia que producía. Esa, sin duda, era la razón por la que mostraba una dualidad femenina y masculina muy evidente, además de una sensibilidad y empatía muy elevadas. Me contó que llevaba unos 4 años viviendo en Morelia y que trabajaba en un restaurante. El año pasado se inscribió en varios cursos en un centro cultural local, y el Teatro fue lo que más le llamó la atención. Dadas sus capacidades, en seis meses su profesor le ofreció un protagónico en el teatro de la ciudad, donde recibió una ovación de pie. En marzo, dos meses antes, su profesor le ofreció otro protagónico para una obra de Shakespeare, pero él lo rechazó porque tenía que hacer un viaje en abril y justo en esas fechas empezaban los ensayos fuertes. Su profesor le preguntó: “¿No puedes posponer ese viaje?” Y él respondió: “No hay manera; desde que tengo memoria, siempre he querido ver un eclipse de sol y mi intuición me dice que debo ir a ver el próximo que ocurrirá el 8 de abril en el norte de México”.

Varios se sorprendieron y no entendieron que rechazara una oportunidad así, ya que tenía una carrera muy prometedora en el teatro. Pero, aunque le gustaba mucho actuar, sabía que esa no era su misión en la vida. A principios de abril, se fue con un amigo suyo a ver el eclipse. Sin embargo, no quería ir a donde todo el mundo iba ir a verlo, en este caso Mazatlán, Sinaloa; tenía que buscar un lugar especial y encontró un volcán en el estado de Durango llamado el Jaguey que estaba sobre la línea donde iba a pasar la sombra. Su intuición le dijo que allí debía ir. Se fue con su amigo a la aventura. Pero fue complicado llegar porque no era un lugar turístico y no había transporte público para llegar. Pasaron muchas aventuras y causalidades peculiares que les ayudaron a llegar allí, así como algunos contratiempos como tener que acampar en medio de la nada, sin mucho abrigo y ser molestados por las vacas durante toda la noche, o ser acosados en el camino por una camioneta algo sospechosa. Sin embargo, también fueron ayudados por otras personas, granjeros locales, que encontraron muy curioso que dos jóvenes quisieran subir a ese cerro para ver el eclipse. Pero el viaje y los sacrificios valieron el esfuerzo, ya que desde lo alto de esa meseta, que asemejaba esos cerros que parecen cortados por un cuchillo que se ven en las películas del viejo oeste, pudieron observar cómo se acercaba la enorme sombra de la luna hacia ellos. Un espectáculo que, sin duda, debió haber sido alucinante.

En ese momento entendí que fue el eclipse lo que nos conectó de alguna manera. Yo me encontraba en un festival de música medicina que se realizó en las chinampas de Xochimilco, y esa mañana me alejé del grupo para meditar solo durante las dos o tres horas que duró el fenómeno. Alma y Oscar, por su parte, estaban en una casa en Tlalnepantla; se subieron a la azotea donde hicieron un rezo y un ritual para conectarse con el eclipse. Fue sin duda en ese momento que nuestras vidas se conectaron, aunque nosotros todavía no lo sabíamos.

Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Tener un cerebro tan conectado tiene un precio, y es el sentir demasiado. Cuando Daniel terminó con su novia, la carga emocional fue tan fuerte para él que la única manera de dejar de sentir tanto fue intentar poner fin a su vida. Pero Dios tenía otros planes. Una serie de eventos hizo que su amigo lo encontrara justo a tiempo para llevarlo al hospital y hacerle un lavado de estómago para salvarlo.

Después del eclipse, Daniel quería seguir viajando y recorrer el mundo, así que compró un boleto lo más pronto posible para Canadá. Pero su camino no era para allá, ya que al día siguiente Canadá impuso visa a todos los viajeros y no pudo hacer el trámite a tiempo para viajar a ese país. Las señales y su intuición le dijeron que debía viajar por México, así que aplicó a varios voluntariados y el que más le llamó la atención fue un pequeño hotel que trabajaba en conjunto con un centro de rescate y criadero de tortugas en Ventanilla, Oaxaca, donde vivían Alma y Oscar, y al que yo llegaría 15 días después.

Esa noche también le pregunté cuál era su orientación sexual. Me dijo que era heterosexual, pero que muchos pensaban que era homosexual, dada su dualidad y sensibilidad, causaba cierta confusión tanto en hombres como en mujeres, y era habitual que muchos hombres le tiraran la onda y las mujeres no.

Regresamos abrazados como hermanos al hotel, mientras las olas cubrían con pequeños destellos nuestros pies yo le dije que ojalá algún día yo pudiera conocer a alguien y ser pareja de una persona con un corazón tan bonito como el suyo. Él me agradeció el cumplido. Estaba claro que de su parte no había deseo hacia mi persona, pero cuanto más hablábamos, más conexiones aparecían. Éramos muy parecidos en muchas cosas a pesar de haber nacido en contextos, lugares y tiempos diferentes (yo soy 15 años mayor que él). Algo nos enlazaba muy profundamente. ¿Qué era eso que nos unía? Eso lo descubriríamos días después…

Tonantzin

Templo Casa del Viento

Ese jueves nos habían invitado a la consagración de una imagen de Tonantzin en un sitio llamado “La Casa de los Vientos” en San Agustinillo. Llegamos alrededor de las 11 de la mañana. Había que estar allí antes del mediodía, cuando el sol estaría en su cenit 🌞, el punto más alto, ya que el pequeño templo donde se iba a realizar la ceremonia tiene una característica especial: cada 2 de mayo, el rayo del sol cae exactamente en el centro del lugar como un dedo de luz divino. Y ese era el día.

Todos nos acomodamos dentro del lugar. Nuevamente, Daniel y yo nos sentamos juntos, mientras que Alma y Óscar lo hicieron en otro extremo. Éramos alrededor de 13 personas las que estábamos allí, incluido el escultor Raul Avila, quien se encargó de tomar las fotos ese día y que bajo inspiración divina había creado tan hermosa escultura, la cual tiene varias características especiales, su manto inspirado en una mazorca de maíz. También un canal atraviesa su cabeza donde tiene una esfera con la tierra grabada en su interior, este canal llega hasta el cuello donde tiene insertada una piedra preciosa, justo en el chakra de la garganta permitiendo el paso de luz a través del mismo, diseñada especialmente para este lugar y este momento.

Miguel, líder y guía del lugar, nos indicó que cada uno iba a cantar una canción para el ritual que íbamos a hacer 🎶. Era la primera vez que yo dirigía un canto en una ceremonia. Sabía que este momento llegaría, y por ello, en los meses previos, había empezado a aprenderme una canción con la que me identificaba mucho y que da nombre también a esta serie de relatos que ocurrieron esa semana en Oaxaca. Escribiendo este relato me pregunto ¿si mi yo superior a través de mi intuición me estaba guiando hacia este punto de mi vida?

Sagrada Familia – Paz Shanti

Águila del norte 🦅
Vigilante vuelo
Trae la medicina
Sagrada familia
Tambor milagrero 🥁
Retumba en los montes ⛰️
Junto a las hermanos
Cura corazones 💖

Cóndor de los Andes
Señor de los cielos ☁️
Dice a las estrellas ✨
Que curen su pueblo
Protege a los niños
Tráeles bendiciones 🙏
Pinta los colores 🎨
Canta sus canciones

Águila y cóndor
Sol, Luna y estrellas 🌞🌜✨
Sierra, selva y mar ⛰️🌳🌊
Corazón de fuego 🔥
Mira qué belleza 😍
Misterio de la vida 🌱
Un sinfín de flores 🌸
Muestran sus colores 🎨
Águila y cóndor
Sol, Luna y estrellas 🌞🌜✨
Sierra, selva y mar ⛰️🌳🌊
Corazón de fuego 🔥
Mira qué belleza 😍
Misterio de la vida 🌱
Un sinfín de flores 🌸
Muestran sus colores 🎨.

No me sabía a la perfección la letra, pero la empecé a cantar sin miedo. Estaba seguro de que alguien más de los presentes la conocía y me ayudaría en las partes donde pudiera atascarme. Una chica que estaba frente a mí fue la que me ayudó 🤝. Después, Daniel cantó una canción en honor a la Virgen en tzotzil. Era la primera vez que lo escuchaba cantar y me sorprendió el poder de su voz 🎶. Luego prosiguió una mujer de una belleza muy peculiar 😌. En ese momento, el rayo de sol estaba justo sobre la escultura de Tonantzin en el centro del templo 🌞. La energía estaba en su mayor despliegue. Ella empezó a canalizar un canto, entró en un tipo de trance, y su voz comenzó a retumbar por todo el lugar 🌟. Se sentía una energía muy fuerte y palpable, y todos sudábamos como si estuviéramos dentro de un temazcal. Su canto era hermoso y poderoso, como un lenguaje de otra dimensión u otro planeta 🌌. Al final, dijo solo dos cosas en español: “Estoy triste, sigan trabajando”.

Foto Raul Avila Escultor

El rayo de sol continuaba su camino por el templo, y Miguel nos pidió que continuáramos cada quien con otra canción 🎵. Todo mi repertorio se limitaba a la canción anterior. Cerré mis ojos y traté de acordarme de una canción de las muchas que he escuchado en temazcales y ceremonias. Llegó una a mi mente 💡, que aunque no me la sabía completa, el coro lo recordaba bien. Y era la canción perfecta para la ocasión, aunque en ese momento no me di cuenta de ello.

Era una canción en náhuatl dedicada a Tonantzin:

HUEY TONANTZIN
¡Huey Tonantzin! (Gran Venerable Madre) 🙏
Ipalnemohuani (Tú eres la dadora de vida) 💫
Moyollocatzin (Tenemos tu venerable corazón) 💖
Tlazocamati (Gracias) Tonantzin (Venerable Madre) 🌸.

Me dieron el tambor y empecé a cantar 🥁. Lo sentí como un bautizo; Me sentí muy honrado, emocionado y bendecido por estar en ese lugar con esas personas 😇. Era como si el universo hubiera conspirado para ponernos a cada uno de nosotros allí para realizar esa ceremonia ✨

Cuando termine el canto, el último haz de luz termino de pasar por el piso.

Reynold

Antes de hablar sobre lo ocurrido el 3 de mayo del 2024, quiero darles un contexto de los primeros años de mi vida para que puedan entender mejor las revelaciones que tuve esa noche tan especial.

Yo nací el 22 de marzo de 1980, fruto de un accidente. No, no se rompió el condón de mis padres. Fui alguien deseado y concebido de manera natural y amorosa, pero fue gracias a un accidente que pude nacer. Meses antes de mi llegada al mundo, mis padres se casaron y se fueron de luna de miel a Acapulco; después, continuaron su viaje a las playas de Oaxaca en su vocho. De regreso, un autobús chocó con ellos en medio de la sierra. Mi mamá salió ilesa, pero mi padre se fracturó la mano y recibió varios golpes. El chofer del autobús los auxilió y los llevó al hospital más cercano, en la ciudad de Oaxaca, a varias horas del lugar del accidente. Entre los planes de mis padres estaba esperar un par de años para tener hijos y disfrutar de su matrimonio. Eran muy jóvenes y no había prisa en llamar a la cigüeña. Sin embargo, enfrentarse a la muerte les cambió la perspectiva y decidieron dejar que los hijos llegaran cuando tuvieran que llegar. Un par de meses después nací yo, así que es muy probable que fuera concebido en las playas de Oaxaca.

Nací a los ocho meses; ya me urgía nacer. Mi madre cuenta que siempre tuve una fascinación por los libros. Desde muy pequeño me entretenía en la cuna hojeando revistas y libros. En las visitas al pediatra, los juguetes no me interesaban tanto como la enorme biblioteca que me cautivaba. En un cumpleaños, mi pediatra me regaló una enciclopedia de Disney, que fue mi favorita. La deshice de tanto leerla.

Mis padres trabajaban, y fue mi abuela quien cuidó gran parte de mi infancia. Vivíamos algo alejados del pueblo, y no tenía muchos vecinos o niños con quienes jugar. Yo añoraba un hermano para tener alguien con quien jugar, así que me creé varios amigos/hermanos imaginarios. Mi hermano nació cuando yo tenía cuatro años; lo esperaba con gran ilusión, pero fue una decepción darme cuenta de que no podría jugar con él de inmediato. Fui un niño solitario que creó un mundo imaginario en el enorme terreno donde vivía mi familia.

Esa soledad, junto con el hecho de que mis padres pasaban casi todo el día trabajando, activó una herida de abandono que he venido cargando, tal vez, de muchas vidas anteriores. Recuerdo pasar horas sentado en la banqueta esperando a que regresaran de trabajar para estar con ellos. No pude ir al kínder; separarme de mi familia me causaba tanto dolor que, tras tres días de llorar en el salón de clases, mis padres decidieron no llevarme más.

En la primaria fue diferente; mis ganas de aprender a leer y descubrir qué decían esos símbolos en los libros me obsesionaron, así que aprendí a leer lo antes posible.

Nunca vi a mis padres discutir o pelear. Una vez, mi hermano nos contó que en la secundaria un profesor les preguntó a todos si sus padres discutían; todos alzaron la mano menos él. Fue ahí cuando se dio cuenta de lo afortunados que éramos. Lo único que podría reprocharles a mis padres fue su falta de conexión física con nosotros: me refiero a abrazos, cariño, besos y demostraciones físicas de afecto. Eso sin duda contribuyo a mi herida de abandono, pues ahora entiendo que el contacto físico es vital para los seres humanos. Esa necesidad inconsciente de ser tocado y tocar sin duda marcó mi desarrollo personal y profesional.

Cuando estaba en primero de primaria, empecé a tener amiguitos y recuerdo que sentía una fuerte atracción por un niño llamado Néstor. Era moreno, de cabello negro y uno de los más inteligentes del salón. Fantaseaba con estar a su lado, que fuera mi amigo, dormir abrazado de él y despertar juntos, sentirlo físicamente. A esa edad no sabía qué era el sexo, pero algo en mí anhelaba una conexión con él. Sin embargo, nunca fue mi amigo; no sé si fue por pena, miedo o timidez mía, o porque él no quería.

En tercer año de primaria comencé a sentir atracción por las niñas. Fue algo natural. Todos “acosábamos” a la niña más bonita del salón, una pequeña morena de pelo rizado llamada Maricruz. Seguía sin saber qué era el sexo ni cómo llegaban los bebés al mundo, pero ya entendía que los niños debían conectar con las niñas de alguna manera y me sentía bien con eso.

A los ocho años, nos mudamos a una casa que mis padres compraron en el mismo pueblo, y me cambiaron a una escuela privada de monjas, la única escuela privada disponible. Sé que mis padres lo hicieron para brindarme una mejor educación, pero ese cambio implicó muchas cosas difíciles para mí. Fue como empezar de cero: ya tenía amigos y estaba desarrollando mi sentido de pertenencia en la anterior escuela.

Mi familia en esta encarnación

Con ese cambio, todo eso se derrumbó. Me volví más retraído y tímido, y empecé a sufrir bullying psicológico. Nunca me gustó el fútbol, y aunque mi padre intentó inculcármelo llevándome los fines de semana a ver sus partidos, yo lo encontraba sumamente aburrido. Solo me gustaba ir porque después del partido íbamos a restaurantes con jardines y juegos para que los niños se entretuvieran.

Siendo un niño sensible, retraído y sin interés por el fútbol, fui etiquetado de “maricón”. No recuerdo si esta etiqueta llegó antes o después de una interacción con un niño un par de años mayor que yo, que comenzó a hablarme de sexo y a despertar en mí sensaciones fuertes, excitantes, pero también prohibidas y pecaminosas. Las monjas no ayudaron en esto, generándome solo culpa, miedo y ansiedad. Mis padres, absortos en el trabajo y sin herramientas emocionales ni educativas, no supieron cómo hablar conmigo del tema, al igual que sus padres seguramente tampoco lo hicieron con ellos. Le pedía a Dios que mis padres nunca supieran que ya sabía cómo se hacían los niños, pues me daba mucho miedo y vergüenza ese conocimiento y atracción que sentía. Quería ser mayor para casarme y no tener que lidiar con esa carga; solo tenía ocho años.

Con la distancia, ahora veo que fue un abuso. Alguien aprovechó su conocimiento y su mayoría de edad para despertar en mí sensaciones jamás experimentadas. No fue una violación, porque no fui obligado,  me gustaba. Fue una época de mucha confusión y culpa. Yo estaba enamorado de una compañera de salón, pero nunca me animé a decirle nada; mientras, mi despertar sexual estaba ligado a alguien de mi mismo sexo. Además, estaba la culpa generada por las monjas y la religión.

La secundaria fue relativamente estable y sanadora para mí. Dejé de tener esos encuentros homoeróticos y traté de retomar el “buen” camino. En primero de secundaria había una chica con la que conecté profundamente, y todo indicaba que iba a ser mi primera novia. Sin embargo, la semana que iba a declararle mi amor, ella cambió radicalmente: se volvió cristiana de la noche a la mañana, empezó a vestirse de forma recatada y solo quería hablar de Dios. Yo, que había pasado tres años lleno de culpas, no quería regresar a eso. No entendía como Dios no quería que tuviera “deseos impuros” y a la vez me negaba la oportunidad de hacerlo de la manera que él dictaba.

Al terminar la secundaria, tuve la oportunidad de irme a estudiar a la vocacional en la Ciudad de México y no lo pensé dos veces. Sentía que necesitaba salir del pueblo, expandir mis horizontes. Me sentía atrapado en ese lugar en todos los sentidos.

La Ciudad abrió un mundo enorme para mí, yo me sentía un niño menso comparado con los amigos de mi prima con la que me fui a vivir y que éramos de la misma edad. Pero me recibieron muy bien. En esa época hice mis últimos intentos para conectar con mujeres, pero las pocas que todavía me atraían no me hacían caso y las que no sí. El clavo que sello mis intentos de acercarme a las mujeres fue cuando una chica guapa, que era de origen asiático, me pidió ser su novia y pues yo acepte, pero días después me entere de que lo hizo por una apuesta. Allí decidí dejar en paz ese camino y fue en esa época que también recordé la atracción que sentía por ese compañerito llamado Néstor en la primaria y pensé ¿Tal vez si soy gay? ¿Tal vez lo mío son solo los hombres? Y empecé a aceptarme, a perdonarme y a perdonar a quien abuso de mí y despertó esas sensaciones y emociones. Muchos años después, en mi proceso de sanar esa herida, hable con él y le dije que lo perdonaba y él también me pidió perdón, rompiendo una cadena de abusos.

En la búsqueda por entenderme, empecé a observar mis reacciones, gustos y aversiones, desentrañando una madeja de hilos que no solo se remontaba a esta vida, sino a muchas vidas pasadas y fue una noche del 3 de mayo del 2024 en una playa de Oaxaca que logre entender de donde venía mucho de lo que sentía y anhelaba desde que tengo memoria.

La Reunion

El viernes 3 de mayo de 2024, Alma, Oscar, Daniel y yo planeamos realizar una ceremonia al atardecer en la playa y consumir LSD juntos. Lo que ocurrió esa tarde-noche fue trascendental para los cuatro. Muchos puntos se conectaron, permitiéndome comprender las causas y motivos de muchas cosas en mi vida, un proceso que resultó muy sanador, no solo para mí, sino también para Oscar, Alma y Daniel.

Poco antes de las seis de la tarde nos dirigimos a una playa resguardada por peñascos al sur de Ventanilla. Solo estábamos nosotros en ese espacio. Preparamos un pequeño altar en la arena y comenzamos un rezo para despedir al Sol ese día. Cada quien tomó su dosis de LSD y nos dispusimos a contemplar el atardecer. Fue poco después de que el Sol se ocultó cuando comencé a sentir los primeros efectos.

Puse algo de música para celebrar que estábamos juntos, reunidos los cuatro. Bailamos y muchas cosas comenzaron a suceder a cada uno de nosotros. Algo nos conectaba, sentí que no era la primera vez que los cuatro estábamos en esa playa, en otro tiempo, en otra época, en otra vida.

De fondo sonaba la canción “María la Curandera” de Natalia Lafourcade mientras bailábamos bajo las estrellas. Oscar, quien cargaba con un dolor en su rodilla, se sintió liberado de él y comenzó a dar piruetas a la orilla de la playa. Esa noche todos sanamos algo.

El cielo estaba despejado y se podía ver la Vía Láctea en todo su esplendor. El espectáculo era maravilloso. Sentados, abrazados los cuatro frente al mar, pudimos percibir cómo el universo estaba vivo, tenía pulso. Al principio pensé que era solo una alucinación mía debido al efecto del ácido, pero cuando Daniel expresó con asombro cómo latía el universo mediante destellos que llegaban a nosotros, me di cuenta de que no eran solo mis visiones. Eran señales de luz que nos atravesaban y que, sin duda, contenían algún tipo de información. Como un sistema nervioso que envía impulsos a cada parte del cuerpo para activar o desactivar funciones.

Acostados en la arena, escuchando a Daniel hablar sobre su vida y sus pasiones, sentí cada vez más admiración y fascinación por él. Me di cuenta de que los hombres por los que siempre me había sentido atraído a lo largo de mi vida tenían algo de él: físicamente, mentalmente, emocionalmente y espiritualmente. Su tono de voz, su forma de hablar y su pasión por el conocimiento me recordaban a una expareja que tuve hace 10 años, que era 10 años menor que yo.

Siempre me he sentido atraído por hombres morenos con rasgos indígenas. Desde que tengo memoria, en la primaria anhelaba que un niño con esas características fuera mi amigo y compañero. Quería dormir abrazado a él; tenía solo seis años y no sabía lo que era el sexo.

¿Sería posible que extrañaba tanto a Daniel, que mi ser lo buscaba en hombres que reunieran una o varias de sus características? Darme cuenta de esto me voló la cabeza. Somos seres continuos, tal vez eternos; no surgimos de la nada y nuestra vida tampoco termina en la nada.

Esa noche, sentados en la arena, abracé fuertemente a Daniel por la espalda. Había esperado tal vez muchas vidas para reencontrarme con él y abrazarlo. Mirando aquel hermoso cielo estrellado, estaba muy sensible por el efecto del ácido, la energía del lugar y lo que estaba ocurriendo esa noche. Comencé a sentir cómo surgía el deseo dentro de mí, desde mi vientre. Respiré profundo y no alimenté esa energía. No era el momento, y tal vez ni siquiera era la vida para tener una conexión de ese tipo con él, por mucho que lo deseara.

Alrededor de la medianoche, regresamos al hotel. Oscar y Alma iban delante de nosotros portando una vela, mientras que Daniel y yo caminábamos detrás, como una familia regresando a su hogar en medio de la noche. Fue un momento muy mágico que nunca olvidaré. Allí me di cuenta de que la estructura familiar en la que escogí reencarnar en esta vida era muy similar a ellos.

Entendí que el amor que sentía por ellos venía de muchas vidas atrás. Ellos habían sido mi familia en otro tiempo, y el universo nos volvía a reunir. Oscar había sido mi papá, Alma mi mamá y Daniel mi hermano menor. Ellos habían sido seres muy importantes para mí en otras vidas, y esa conexión nos volvía a reunir para ayudarnos a sanar y a seguir evolucionando.

Los extrañaba tanto. Extrañaba la conexión y el crecimiento que tuve con ellos, que en esta encarnación escogí nacer con unos padres que fueran similares en muchos sentidos. Mi padre en esta vida, tanto física como espiritualmente, es muy parecido a Oscar: moreno, alto, con un alma noble, guerrera y sabia. Mi madre se parece a Alma: una mujer bella, blanca, también muy poderosa espiritualmente. Y juntos, unos padres que se tuvieran un amor muy profundo entre ellos y hacia sus hijos.

Siempre me pregunté: “¿Por qué nací donde nací?” Ahora veo que no fue casualidad del destino. Nacemos donde tenemos que nacer; es, en parte, una elección y, en parte, una misión. Considero que nuestras encarnaciones son el fruto del grado de conciencia que hemos alcanzado en vidas anteriores. Entre mayor sea nuestro grado de conciencia al morir, mayor será nuestra libertad de elección al cruzar el bardo para nuestra siguiente vida. No lo digo yo; lo dicen los budistas. Y entre menor sea nuestro grado de conciencia al morir, menor será nuestra libertad de elección. Como en un videojuego: hasta que no superas cierto nivel, no puedes acceder al siguiente.

Oscar y Alma se fueron a su habitación al llegar al hotel y, a manera de broma, nos dijeron a Daniel y a mí: “No se duerman muy tarde, niños”.

Esa noche, y varias de las siguientes, Daniel y yo platicamos hasta muy de madrugada. Había encontrado y reconocido a mi hermano del alma, a mi Sagrada Familia.

La Conexion

En el siglo pasado, los físicos descubrieron una propiedad de las partículas llamada entrelazamiento cuántico, un fenómeno de la física cuántica en el que dos partículas, como electrones o fotones, se conectan de una manera tan profunda que lo que le sucede a una afecta a la otra, sin importar cuán lejos estén entre sí. Es como si las partículas compartieran una especie de “telepatía” especial.

Por ejemplo, imagina que tienes dos monedas mágicas. Si lanzas una y sale “cara”, automáticamente sabes que la otra será “cruz”, incluso si se encuentra en la otra punta del mundo. Lo más sorprendente es que este efecto ocurre instantáneamente, mucho más rápido que la velocidad de la luz.

Esto desafía nuestra intuición, porque parece que las partículas se “comunican” sin usar ningún medio visible. Albert Einstein incluso lo llamó “acción fantasmagórica a distancia” porque le parecía algo extremadamente extraño. Aunque suene casi como ciencia ficción, este fenómeno es real y ha sido demostrado en numerosos experimentos. Actualmente, se utiliza en áreas como la computación cuántica y la criptografía, aunque todavía no comprendemos completamente cómo ni por qué funciona.

Estamos hechos de partículas, así que, ¿por qué este fenómeno no habría de ocurrir también entre dos o más personas? Creo que nuestro conocimiento sobre el tejido de la realidad, en este momento, es comparable al entendimiento que tiene una hormiga sobre el sistema solar. Sabemos que hay algo más allá y, en ocasiones, podemos verlo o sentirlo. Yo mismo lo experimenté la noche siguiente a una ceremonia que tuvimos en la playa.

San Agustinillo

Ese día me levanté tarde. El plan era que los cuatro fuéramos con Miguel el dueño y guía de la casa de los vientos, quien nos había invitado a danzar en la playa al atardecer en San Agustinillo. Me imaginé bailando con ellos al atardecer, pero al final solo fui yo. Óscar y Alma estaban cansados de la noche anterior, y Daniel tuvo que ir a ayudar a una amiga con unas tareas de su casa. Dejé que las cosas fluyeran; tenía ganas de ir a Mazunte por mi cuenta, comer allí y dar una vuelta.

Llegué a la danza, saludé a algunas personas que habían estado en la ceremonia de Tonantzin y conocí gente nueva. Al final, cené con ellos, y me ofrecieron un aventón a Ventanilla. Desde el entronque hasta la playa son 10 minutos de caminata. Era una noche maravillosa; el ruido del manglar inundaba el ambiente.

Eran alrededor de las 10 de la noche y me sorprendió que la iglesia del pueblo estuviera todavía abierta. Subí a la colina y me senté un rato para agradecer todo lo vivido. El lugar estaba vacío. Tengo la costumbre de entrar a las iglesias y quedarme un rato allí, y esa ocasión la sentí especial.

Al regresar al hotel, encontré a Daniel sentado junto a Lorena y Marco, los dueños del lugar, una pareja joven y muy agradable. Me invitaron a sentarme con ellos, y, sin preámbulo, Lorena me preguntó:
—Si te dieran a elegir entre amor sin deseo o deseo sin amor, ¿qué escogerías?

La pregunta dio justo en el clavo de lo que estaba sintiendo respecto a Daniel. Lo miré y supe que él también lo captó. Sin dudarlo, ambos respondimos:
—Amor sin deseo.

Había tenido lo segundo muchas veces en mi vida; ahora necesitaba aprender lo que era el amor puro, sin expectativas.

Esa noche platicamos un rato los 4, y pude conectar más con Lorena y Marco. Daniel se retiró a su habitación y no regresó; se quedó dormido viendo su teléfono. Yo todavía tenía energía, algo que me sorprende en determinadas circunstancias. Decidí ir a la playa solo, me puse los audífonos y una playlist de música, góspel y alabanzas. Bailé y canté a Dios en esa playa desierta. Debió haber sido muy chistoso y extraño para quien me vio el ver a un hombre cantando y bailando solo en la playa. Pude haberme quedado hasta el amanecer, pero al día siguiente teníamos una celebración y no quería estar desvelado. Finalmente, a las 2 de la mañana regresé a mi habitación.

Ya en la cama, mientras intentaba dormir, empecé a sentir una presión en el pecho que me impedía respirar. Me senté, tosiendo con fuerza y golpeándome un poco las costillas pude aliviar la sensación. Fue algo extraño que nunca antes había experimentado, era como si me estuviera ahogando con algo.

A la mañana siguiente, Daniel estaba sentado afuera de su habitación y se disculpó por no regresar a la plática. Me explicó que se quedó dormido, pero que le había pasado algo curioso:
—Anoche, como a las 2 de la mañana, desperté con una necesidad de meditar. Fue raro, porque suelo meditar antes de dormir, no a mitad de la noche. Aun así, seguí mi intuición.

Momentos después, Daniel comenzó a sentir que le venía un “ataque psicodélico”. Al principio tuvo miedo, porque era la primera vez que le ocurría algo así mientras meditaba, pero una voz interna le dijo: Déjame salir. Dejó que el proceso fluyera sin resistirse. La energía y las luces que percibía comenzaron a concentrarse en su pecho, hasta que sintió la necesidad de expulsarlas. Fue al baño y vomitó, lo que describió como una “energía concentrada”.

En ese momento, recordé lo que me había ocurrido a mí a la misma hora, a unos metros de distancia en mi cuarto. De alguna manera, estábamos conectados, y yo estaba sintiendo lo que él estaba experimentando.

¿Qué sucedió esa noche? Mi teoría es que Daniel cargaba algún tipo de carga energética o entidad que le provocaba esos ataques psicodélicos. Con la ceremonia de la noche previa, su vibración cambió, y aquello que cargaba dentro le pidió salir. Fue tan intenso que incluso yo pude percibirlo.

La Despedida

El domingo, el día previo a mi partida de Ventanilla, celebramos el cumpleaños de dos chicas que vivían y trabajaban en el hotel donde nos hospedábamos. Fue un día de intenso calor por la tarde. Para la ocasión, preparamos un delicioso cóctel de mariscos, compramos un pastel y bailamos unas buenas cumbias. Sentí que no solo estábamos celebrando sus cumpleaños, sino también nuestro reencuentro: Alma, Óscar, Daniel y yo, juntos nuevamente en esta vida y en este lugar tan especial.

Esa noche, Daniel y yo conversamos hasta altas horas de la madrugada. No queríamos dejar de hablar, pero nos obligamos a ir a descansar, ya que al día siguiente yo debía salir a las 9 de la mañana para tomar mi vuelo de regreso a la Ciudad de México. Aun así, no pude dormir. Hice mi maleta y, al amanecer, salí a despedirme del mar. Llevé una pequeña ofrenda a Yemayá en agradecimiento por haberme dado la semana más increíble de mi vida. Frente al mar, lloré de felicidad y gratitud.

Regresé al hotel para despertar a todos y desayunar juntos, como una familia, por última vez en este viaje. ¿Quién sabe cuándo volveríamos a estar los cuatro reunidos? Ese día, cada uno tomaría un rumbo distinto: yo regresaba a casa, Óscar también volvía a la Ciudad de México, Alma viajaba a California y Daniel se quedaba en Ventanilla.

Nos tomamos una foto los cuatro y otra con Daniel, con un corazón de madera como fondo que da la bienvenida al mar en Casa Xalli.

Con los ojos llorosos, Daniel se acercó a mí y me preguntó si conocía la historia bíblica del rey David y Jonatán.

Algo había escuchado, pero no la recordaba bien, así que le pedí que me la contara.

La historia de David y Jonatán es una de las más conmovedoras de la Biblia, marcada por la lealtad, la amistad y la tragedia. Jonatán, hijo del rey Saúl y heredero legítimo al trono de Israel, desarrolló un profundo vínculo con David, un joven pastor que, tras vencer al gigante Goliat, se ganó la admiración del pueblo. Saúl, cegado por los celos, comenzó a ver a David como una amenaza.

A pesar de ello, Jonatán amó a David como a sí mismo y, reconociendo que Dios lo había elegido como futuro rey, le entregó su túnica, su espada y su arco en señal de apoyo y renuncia al trono.

Saúl intentó matar a David en varias ocasiones, pero Jonatán lo protegió y le advirtió del peligro, ayudándolo a huir. En una emotiva despedida, ambos lloraron y juraron fidelidad eterna.

Jonatán murió en batalla junto a su padre. Al recibir la noticia, David lloró amargamente y compuso un lamento en su honor:

“Angustia tengo por ti, Jonatán, hermano mío; me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres.” (2 Samuel 1:26).

Jonatán era unos 15 años mayor que David, la misma diferencia de edad entre Daniel y yo. Esta historia siempre había resonado en su mente y en su corazón desde la primera vez que la escuchó.

A partir de ese momento, algo profundo comenzó a moverse en mí. Empezaron a sucederme cosas extrañas. Sentí que mi intuición se agudizaba.

En el transporte de vuelta al aeropuerto de Puerto Escondido, puse mi música en modo aleatorio. De repente, sonó un audio largo de meditación. Cerré los ojos y decidí aprovechar el viaje de hora y media para practicar.

En algún momento, alguien se sentó a mi lado. Me pregunté cómo sería esa persona, pero en lugar de abrir los ojos, recordé un ejercicio de visión extraocular de un libro de Jacobo Grinberg. Me permití recibir la información sin ver. Lo primero que pensé fue: “Mujer, morena, robusta, pelo negro con canas y un chongo.”

No abrí los ojos. Dejé que el audio continuara y decidí que solo lo haría cuando terminara o cuando sintiera que la persona se iba, lo que ocurriera primero.

El audio terminó justo al llegar a la terminal de autobuses. Abrí los ojos y la persona a mi lado era exactamente como la había imaginado.

Pero lo más impactante sucedió después, cuando ya estaba en la Ciudad de México.

Mientras viajaba en el metro sobre Tlalpan rumbo al sur, noté que la pareja sentada a mi lado señalaba algo con insistencia hacia afuera.

Miré por la ventana y vi un automóvil circulando por la avenida. Tocaba el claxon y estaba decorado con globos, pintas en las ventanas y una pancarta con la foto de un niño. En ella se leía:

“Hoy Jonatán venció el cáncer.”

Iban celebrando la recuperación de su hijo.

No pude evitar llorar, no solo por lo emotivo de la escena, sino por lo claro y directo que fue ese mensaje para mí.

Este viaje me trajo muchas respuestas, pero también muchas preguntas:

¿Cuántas vidas Daniel y yo hemos coincidido previamente?
¿Para qué?
¿Desde cuándo y cómo surgió esta conexión?

Con el paso de los meses, algunas respuestas han empezado a revelarse, pero esa es otra historia que aún está en proceso.

Todo tiene cierto nivel de conciencia: minerales, plantas, hongos, insectos, animales y, por supuesto, nosotros. Seguramente hay seres con niveles más “elevados”, aunque ninguno es mejor o peor que otro.

Se sabe que las tortugas marinas regresan al lugar donde nacieron entre 10 y 50 años después. Existen varias explicaciones científicas sobre cómo lo logran, pero, en esencia, es una combinación de fuerzas lo que las guía de vuelta al sitio donde fueron concebidas.

Mientras liberaba las dos tortuguitas que tenía en una jícara aquel día en la playa, me pregunté cuál sería su destino. ¿Regresarían en 15 años? Nacer del mismo nido y salir juntas al mar ya las había conectado irremediablemente.

Tal vez, muchas vidas atrás, yo también fui una tortuguita que nació en el mismo nido que mis compañeros de este viaje. Y por eso seguimos regresando a este lugar.

Al final, todos los seres volvemos siempre al lugar donde todo comenzó y con los seres que iniciamos este viaje.